Propietario de Montajes Bélgica, sociedad con sede en Galicia, establecida en el puerto de Amberes y dedicada al sector naval

Su empresa factura una media anual de 6 millones de euros y genera más de 100 empleos

Tras formarse en la escuela de artes y oficios “12 de Octubre” de la ciudad de As Burgas, Maximino Araújo -ourensano del barrio de O Pino- tuvo su primer trabajo fuera de Ourense en Toledo, con la empresa de construcciones metálicas Luis Suárez. Su primer destino internacional fue Metz (Francia) y el segundo, que aún conserva a día de hoy, la ciudad belga de Amberes, en la que fundó su empresa (Montajes Galicia) en el año 1972, dedicada a la actividad naval. Hace cinco años optó por establecer en Ourense la sede de la sociedad, en esta nueva etapa bajo el nombre de Montajes Bélgica. Factura una media anual de 6 millones de euros, genera algo más de 100 empleos directos, y su mayor carga de trabajo está en el puerto de Amberes, con la reparación (soldadura) y mantenimiento de todo tipo de barcos. Durante cinco décadas, este ourensano ha dado empleo a cientos de trabajadores gallegos, asturianos, andaluces, portugueses... y actualmente a docenas de polacos, ucranianos y rusos. También se ha dedicado al negocio de la automoción, exportando vehículos de alta gama desde Bélgica a Galicia. Tiene pasaporte del cuerpo diplomático de la República del Congo, país en el que ha realizado trabajos con estructuras metálicas, jugó al fútbol en Francia y Bélgica, medió en las primeras contrataciones europeas de Julio Iglesias, comparte zona de residencia con el artista de ascendencia ourensana en la República Dominicana... Y no pasa desapercibido en sus visitas a la provincia y a la comunidad gallega, especialmente por las matrículas que luce en dos de sus coches: “Ourense” y “Maximino”.

Texto: Javier de Francisco ©

En 1960, Maximino Araújo Rodríguez emprendía su primer viaje profesional fuera de Galicia. Acababa de terminar los estudios en la escuela de artes y oficios “12 de Octubre”, y trabajaba para la conocida firma ourensana de construcciones metálicas Luis Suárez. Después vinieron otros desplazamientos a Cantabria, Asturias, Andorra... Hasta que en 1962, a la edad de 16 años, el destino le situó en la ciudad francesa de Metz: “Por la mañana trabajaba de soldador y por la tarde iba a entrenar. Jugué en el equipo de la ciudad, cuando ya había muchos profesionales en el fútbol francés, entre ellos Platini, que estaba en el Nancy y que después tuvo suerte, ya que salió y ganó mucho dinero. Al principio jugué con los pequeños y a los 17 años pasé directamente al primer equipo, por dos temporadas”, recuerda.

 

Con el fútbol como pasión y la soldadura como oficio, una compañía francesa con sede en París y con más de 200 operarios, le propuso ir a Bélgica como jefe de equipo. No lo dudó. Trabajó en el puerto de Amberes y en el cercano de Rotterdam (Holanda), reparando barcos y refinerías. Y todo sin olvidar el fútbol: “En Bélgica jugué con Lozano, que llegó a militar en el Real Madrid. Tuve alguna oportunidad para ir a algún equipo belga, pero preferí jugar con los españoles, que hicimos equipos muy fuertes en este país, ya que había jugadores que venían de Primera y de Segunda División. En el campeonato arrollábamos a todos. Llegó a haber más de 20 equipos en la liga de españoles. Hay que pensar que por aquel entonces solo en Amberes había unos 5.000 gallegos; hoy no quedan ni 1.500, y la mayoría son descendientes”, precisa.

De sus inicios en el fútbol revive con nostalgia sus buenos momentos “en el Troncoso, el equipo del barrio de Covadonga. Yo jugaba de delantero centro o en el medio del campo. Pataco, que se fue al Atlético de Madrid, era el interior de ese equipo y también estaban Machaca, Antúnez, su hermano Chuchín, que jugaba de central y estuvo en el Mallorca, Manolo Conde, que militó en el Hércules... En aquel tiempo aquí había muy buenos jugadores, pero no había dinero. La vida obligó a marcharse a toda la gente. En Bélgica jugué hasta los 38 años, después fui presidente de los clubes y organizaba torneos. Jugábamos contra equipos belgas, en la liga amateur”.

Empresario desde 1972

En el ámbito estrictamente laboral, Maximino Araújo se inició muy pronto como empresario. En 1972 ya había creado su primera sociedad, Montajes Galicia, que llegó a contar con 160 empleados en 1976. Tenía operarios trabajando día y noche en los barcos atracados en Amberes que necesitaban tareas de reparación o mantenimiento. Y con frecuencia los empleados viajaban a bordo de los buques, incluso en las rutas transoceánicas, cuando las reparaciones necesitaban prolongarse por más tiempo. El regreso se hacía en avión.

Cinco décadas después, la empresa de origen ourensano mantiene el mismo tipo de actividad y también idéntica forma de operar. Este mismo año, un grupo de operarios trabajó durante ocho semanas a bordo de un carguero que cubre la ruta entre Bélgica y Panamá. Es solo un ejemplo. Es muy frecuente que faenar a bordo de buques que acaban en puertos de Venezuela, Colombia, Argentina, Chile...

La mayor carga de trabajo consiste en la reparación y mantenimiento de todo tipo de barcos, desde buques mercantes y barcazas utilizadas para el transporte a las plataformas petrolíferas hasta ferrys y barcos de recreo. Con la obligatoriedad del doble casco de acero en las embarcaciones, la cartera de pedidos se incrementó de forma muy notable: “Esa ley nos ayudó mucho a crecer. Metemos las embarcaciones en el dique seco y le hacemos el doble casco. Son operaciones muy costosas, pero que generan ingresos elevados”, señala el empresario.

Otro área de especialización consiste en la demolición de fábricas, como una que está realizando actualmente en un complejo industrial de un kilómetro y medio de longitud. Hasta octubre trabajarán 40 empleados de la compañía en ese proyecto, presupuestado en 4,8 millones de euros. Y ya están en lista de espera trabajos similares en tres fábricas situadas en Francia.

Hace cinco años, Araújo Rodríguez optó por situar en su ciudad natal, Ourense, la sede de su empresa. Pasó de denominarse Montajes Galicia a adoptar su nombre actual, Montajes Bélgica, pero su centro de operaciones sigue estando en el puerto de Amberes: “Los costes salariales y las cargas son mucho más elevadas en Bélgica. Si por ejemplo aquí el coste está en 400 ó 500 euros por empleado, allí no baja de los 2.000 euros”, asegura.

La plantilla -formada por algo más de cien personas- aún conserva una docena de trabajadores gallegos, pero han sido mucho más numerosos en el pasado. Este mismo año ha acusado diez bajas, ya que la carga de trabajo en los astilleros ferrolanos de Navantia facilitó el retorno de esa decena de trabajadores a Galicia: “Tengo personal de Ourense, de Ferrol, de A Coruña..., pero sobre todo de Portugal, de donde son unos 40 empleados. También hay 14 andaluces y cada vez son más frecuentes las contrataciones de polacos y ucranianos”, apunta el propietario de Montajes Bélgica.

Su empresa ingresa una media mensual de 500.000 euros, con alternancia de facturaciones mensuales que llegan a superar el millón de euros. La media anual sobrepasa los 6 millones de euros.

Diplomático del Congo

Entre las curiosidades de la trayectoria empresarial de Maximino Araújo destaca su vinculación con la Administración de la República del Congo: “En 1976 trabajaba con un belga y el cuerpo diplomático del Congo belga nos encargó varios puentes y refinerías, incluidos los tanques. Entonces el embajador me concedió el pasaporte del cuerpo diplomático para poder entrar y salir del país. Y lo mantengo, porque es para toda la vida. Ahora igual retomo la relación con el país. En unos días comeré en Amberes con el embajador del Congo en Bélgica, para ver la posibilidad de instalar ocho puentes. Se fabricarán en Amberes y se irán a montar al país africano. Haríamos allí los pilares y la soldadura de toda la estructura de hierro. Desde el año 1978 no volví a hacer nada allá, debido a que por los problemas políticos era complicado trabajar y cobrar las obras”, comenta.

Pero su carrera empresarial aún tiene más peculiaridades. Durante doce años combinó el sector naval con la exportación de coches de alta gama desde Bélgica a Galicia: “Empecé trayendo grúas y camiones, cuando ahora van desde Galicia para África. Los llevan por barco desde Vigo. Yo antes mandaba los camiones por barco de Brujas a Vigo. Eran para muchas constructoras. Conocí un gran número de firmas gallegas y de Ourense. He mandado más de 80 camiones por año. Y coches para Pontevedra, Vigo, A Coruña, Ourense... Coches de gama alta, unos diez por mes. Ahora ya hay mucha competencia y el negocio es un problema. Hay que vender en el acto. Si el coche echa dos años en el garaje -explica- ya perdió el valor y la ganancia. Antes toda la gente me hacía algún encargo. Los coches belgas eran mejores que los alemanes, porque venían de carreteras muy llanas y con poca nieve. Para mí exportar coches era la excusa para venir a Galicia todas las semanas, conduciendo desde Bélgica. Conozco la carretera con los ojos cerrados. Traje muchos coches para empresarios. Yo no traía vehículos de 2.000 ó 3.000 euros; todos eran de 20.000 para arriba”, matiza con orgullo.

“OURENSE” en la matrícula

Si las estancias de Maximino Araújo en Ourense nunca han pasado desapercibidas, desde hace un par de años aún se reconocen con mayor facilidad. En 2014 pagó 2.000 euros por matricular su Mercedes 400 con su propio nombre, Maximino. Y ahora acaba de hacer lo propio con el nombre de Ourense, en las placas de su BMW X6 valorado en 120.000 euros.

La personalización de las matrículas le depara anécdotas todos los días: “En este último viaje a Ourense me paró la Guardia Civil en la frontera. Me preguntó para dónde iba, y le dije que ya lo ponía en la matrícula, para Ourense. Entonces me respondió que tenía un amigo que es de A Gudiña y que si le dejaba hacerse unas fotos con el coche para enseñárselas. Hace unos días -relata el empresario-, por motivo de una huelga había más de 20 guardias civiles y muchos vinieron a hacerse fotos con el coche. En los viajes es muy frecuente que me piten y me saluden al ver la matrícula. Pero en Bélgica es legal poner cualquier nombre en la placa, siempre que no exista antes”.

Por otra parte, y ya en el terreno personal, Maximino Araújo plantea su futuro como hasta ahora, con alternacia de residencia en Amberes y en Ourense: “Ahora estoy viniendo todos los meses a Galicia. Compré una casa en Ourense y antes ya tenía un piso. Me gusta estar quince días allí y otros 15 aquí. Tengo los hermanos en Ourense y mi propia familia en Bélgica, en donde están mi hija de 24 años, que es enfermera, y mi hijo, ingeniero en la mayor compañía belga de refinerías”.

Sobre el futuro de su propia empresa, Montajes Bélgica, reconoce que el escenario ideal sería la continuidad en segunda generación y evitar la venta a terceros: “Yo ya tengo el futuro hecho. Mis hijos tienen su carrera, mi mujer también trabaja... La empresa quería dejársela a mi hija, que tiene un trabajo muy esclavo en la Sanidad. Va los fines de semana, noches, festivos... Si un día se casa, espero que ellos cojan la compañía. Ella ya conoce a todos los obreros, porque viene conmigo muchas veces. Pero todo depende de lo que haga con su futuro. Le gusta mucho Galicia, pero aquí el futuro está muy fastidiado. De hecho a Amberes llegan muchos jóvenes gallegos; los que hablan idiomas encuentran trabajo de un día para otro. Están llegando muchos chicos, pero también secretarias, arquitectos y otros profesionales. En nuestro caso -añade-, vinieron muchos soldadores de Madrid y de todos lados a pedir trabajo debido a la crisis en España”.

Además de Bélgica y Galicia, la vida familiar de Maximino Araújo transcurre en la República Dominicana, el país de su esposa: “Tenemos casa allí y solemos ir dos o tres veces por año, pero ahora llevamos año y pico sin ir, para aprovechar las vacaciones en Ourense y por los estudios y el trabajo de nuestra hija. Nuestra casa está cerca del chalet que Julio Iglesias tiene en Boca Chica. A Julio Iglesias lo llevé a actuar a Bélgica en los años 72 y 73, cuando no era profesional. Lo llevé a La Taberna y conoció conmigo a su mujer actual”, asegura.