Arquitecto

“Se ha construido de todo, con materiales de ínfima calidad, constructoras sin experiencia y técnicos que han mirado a otro lado”

El arquitecto barcelonés Vicente Benéitez, una de las firmas de prestigio en el diseño de edificios sanitarios en España, es originario de la comarca ourensana de Valdeorras, desde la que emigraron sus padres a Barcelona, en concreto desde la parroquia de Santa Cruz do Bolo, en el municipio de O Bolo. Mientras colaboraba en las obras de la zona olímpica del Vall d’Hebron durante la fase de construcción de infraestructuras para las Olimpiadas de Barcelona 92, fue invitado a participar en el diseño del nuevo edificio que se dedicó a control antidopaje y en la reforma del Hospital del Mar, uno de los referentes para la salud de los deportistas durante la celebración del gran acontecimiento mundial. Y así surgió su especialización en arquitectura para el sector sanitario, que le ha llevado a diseñar desde hospitales y centros mutuales en numerosas zonas de España, hasta proyectar un hospital en Guinea Ecuatorial. Vicente Benéitez define su estilo como “intemporal contemporáneo, donde la búsqueda racional de la luz está siempre presente”.

Texto: Javier de Francisco © 

Tal vez porque comparte con Pío Baroja la afirmación de que el nacionalismo se cura viajando, pero sobre todo por la educación y la cultura “da terra” que le transmitieron sus padres, Vicente Benéitez nunca ha perdido sus vínculos con Galicia, y especialmente con la comarca de Valdeorras. Los mejores ejemplos son sus vacaciones en el oriente ourensano, su activa participación en la reforma de la casa familiar situada en Santa Cruz (O Bolo) y la “galeguización” y el gusto por Galicia al que “somete” constantemente a su familia, incluido su cuñado hindú, que ya es uno de los mejores defensores del paisaje, de la gastronomía y de la tranquilidad que reina en el interior de la comunidad gallega.

El arquitecto Benéitez dirige su propio estudio de arquitectura en Barcelona, la ciudad en la que nació, y habitualmente realiza colaboraciones con otras reconocidas firmas de la Ciudad Condal. Ha participado en el diseño de hospitales y de importantes centros mutuales en diferentes comunidades del país. En la actualidad opta a la adjudicación de voluminosos concursos de equipamientos públicos en países como Bélgica, Luxemburgo, Noruega y Suiza. 

  • De todas sus obras arquitectónicas, ¿cuáles cree que retratan mejor su estilo de creación y su forma de interpretar la profesión?

Supongo que es la obra que todavía no he hecho. Intentamos realizar una arquitectura intemporal contemporánea, donde la búsqueda racional de la luz esté siempre presente. Nuestro trabajo debería ser capaz de conseguir que nuestras obras sobreviviesen no por ser elementos sólidos, sino por ser versátiles, de forma que pudiesen adaptarse a  tiempos nuevos. 

  • ¿Cuáles han sido sus trabajos de mayor impacto o reconocimiento social? ¿Ha realizado proyectos fuera de España?

No sé exactamente qué trabajos habrán tenido mayor impacto o reconocimiento social. En todos ellos aprendes algo. Por proximidad, quizás la última obra que he acabado en Oviedo. Es un centro mutual de unos 7.000 metros cuadrados. En cuanto a los trabajos fuera de España, actualmente estamos construyendo un hospital en Guinea Ecuatorial y hemos colaborado en proyectos para Portugal, Luxemburgo y Alemania.

 

 

 

  • Además de la construcción del citado hospital de Guinea Ecuatorial, ¿en qué otras obras de envergadura trabaja actualmente?

Trabajamos en varios concursos internacionales en colaboración con AZPML, despacho de arquitectura con sede en Londres y Nueva York y dirigido por arquitectos españoles, en concreto por Alejandro Zaera y por Maider Llaguno. Estamos realizando concursos de gran tamaño en Luxemburgo, Bélgica, Suiza y Noruega, en equipamientos públicos con superficies construidas que oscilan entre los 50.000 y los 100.000 metros cuadrados.

 

 

  • Usted se ha especializado en el diseño de edificios sanitarios. ¿Qué motivaciones ha encontrado en el sector de la Sanidad?

Durante las Olimpiadas de Barcelona 92,  y mientras colaboraba en las obras de la zona olímpica del Vall d’Hebron, en la que se disputaron las pruebas olímpicas de tiro y tenis, me propusieron colaborar también en las obras olímpicas del nuevo edificio que se estaba construyendo para el control antidopaje, así como en la reforma del Hospital del Mar, que fue hospital olímpico. Era una experiencia completamente nueva, compleja y a la vez muy especializada. En aquellos momentos eran muy pocos los arquitectos que trabajaban y diseñaban equipamientos sanitarios. 

  • La profesión de arquitecto ha sido una de las más golpeadas por la crisis. ¿Por fin comienza a reactivarse un poco el mercado o los efectos durarán algún tiempo más? ¿En Cataluña se ha notado el descenso de actividad a unos niveles tan dramáticos como en las comunidades menos desarrolladas, entre ellas Galicia?

Todo el sector de la construcción se ha visto afectado por la crisis. Nuestro despacho tiene proyectos parados de gran envergadura en Cataluña, en Castilla-La Mancha y en Andalucía, que han complicado la “travesía del desierto” en la que nos hemos visto atrapados los arquitectos estos años. A nivel general, existe una pequeña reactivación del mercado, tanto en la obra pública, como en la obra privada. Pero tanto la burbuja inmobiliaria, como la construcción de equipamientos inútiles, han ocasionado un enorme daño que será difícil subsanar. Se ha construido de todo, con materiales de ínfima calidad, constructoras sin experiencia y técnicos que han mirado a otro lado, y eso nunca había debido de tolerarse. 

En Cataluña, ha sido catastrófico; creo recordar que, en números redondos, antes de la crisis se visaban en el Colegio de Arquitectos unas 80.000 viviendas al año, en medio de la crisis esa cifra bajó a 8.000 viviendas, y en estos momentos deben ser muchas menos. Los despachos de arquitectura que nos dedicamos a la obra pública, hemos tenido que salir a concursar fuera para mantenernos a flote, con un coste laboral importante. 

  • Como hijo de ourensanos y buen defensor del origen gallego, ¿usted ha tenido la oportunidad de trabajar en Galicia? ¿Espera poder firmar aquí algún proyecto en los próximos años? ¿Qué tipo de obra le gustaría desarrollar?

Es curioso. Hace muchos años, cuando trabajaba como jefe de proyectos en un despacho de arquitectura, tuve la oportunidad de trabajar en obras que realizamos en A Coruña y Vigo, pero una vez abierto nuestro propio despacho, aunque nos hemos presentado a algún concurso, no hemos conseguido materializar ningún proyecto. 

Más curiosidades; hace años nos presentamos al concurso para la ampliación del Hospital Comarcal de Valdeorras, en O Barco de Valdeorras (Ourense), y ganó el citado concurso un despacho catalán, conocidos míos, que no tienen ninguna vinculación con Galicia. Nosotros tenemos proyectos realizados en Asturias, Castilla-La Mancha, Baleares, Andalucía, etcétera, por lo que esperamos algún día realizar algún proyecto “na terra dos meus pais”. 

En cuanto a la tipología de obra, no tenemos ninguna predilección. 

  • ¿Le gustaría que a los descendientes de gallegos se les tuviera más en cuenta en Galicia en el ámbito profesional? ¿Qué iniciativas deberían adoptar las Administraciones para que no se pierda la huella de identidad y para que los emigrantes gallegos -también en segunda, tercera y sucesivas generaciones- fueran conocidos aquí por sus méritos profesionales?

Es  complicado contestar a la primera parte de la pregunta. La contratación de la obra pública debe regirse teóricamente por la imparcialidad en este sentido. El sistema es perverso y a veces esto no ocurre y priman otros factores clientelares. Personalmente, me gustaría que las Administraciones solo valorasen el trabajo bien hecho. 

Iniciativas como la que haces tú, con “Ourensemigrante”, es encomiable y debería estar apoyada por la Administración, ya que es una buena forma de conocer a “los otros gallegos”. Existen otras formas, como simposios, conferencias, debates, reuniones con profesionales de distintos ámbitos, etcétera, para poner conocimientos en común.

Otra iniciativa interesante sería poner en contacto a profesionales de diferentes ámbitos con raíces gallegas,  con empresarios de éxito en otros países, para colaborar en proyectos en dichos países o en la misma Galicia. Por ejemplo, a empresarios emigrados a América Latina, que poseen holdings en sanidad, en comunicación, en turismo o en finanzas, podrían ponerlos en contacto, con médicos, arquitectos, periodistas, economistas o abogados gallegos o descendientes de gallegos.

  • Supongo que son malos tiempos, pero ¿pensó alguna vez en abrir estudio en Galicia o en colaborar con arquitectos gallegos?

Sí lo he pensado muchas veces; antes de la crisis incluso planteamos abrir una pequeña oficina. Por otra parte, la globalización y las nuevas tecnologías posibilitan una nueva forma de trabajar mediante colaboraciones puntuales con otros equipos de arquitectos. En los proyectos que estamos  trabajando, realizamos reuniones no presenciales personas que nos encontramos trabajando en Londres, Nueva York, Málaga y Barcelona.     

  • En su caso personal, ¿mantiene todavía mucha vinculación con Galicia, y en especial con la comarca de Valdeorras (viajes, vacaciones, casa familiar...)?

Sí, la mantengo. Una de las cosas, muy bonita por cierto, que nos inculcaron nuestros padres, es el amor por la tierra de nuestros antepasados. Toda mi familia tiene una vinculación mágica con Galicia, especialmente con la comarca de Valdeorras, en donde se asienta la casa familiar. Mis hermanas y yo hemos acabado “arrastrando” a nuestros cónyuges. Mis padres siempre nos hablaron en gallego y yo, durante años, fui socio de la Asociación de Empresarios Gallegos en Cataluña.

 

  

 

 

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