Diseñador de moda y empresario. El grupo Roberto Verino facturó 33,5 millones de euros en 2016, tiene presencia directa en 15 países y su plantilla actual está formada por 414 empleados.

“A veces tengo la sensación de que hemos sido abandonados por una Administración que, en otra época, se mostró muy dispuesta a salir en la foto con los diseñadores de moda”

“No quiero tener mil tiendas, me conformo con cien, pero eso sí, que sean las mejores posibles”. Esta expresión de Roberto Verino define perfectamente su filosofía empresarial, su visión del sector de la moda, su carácter moderado y casi su espiritualidad. Su grupo y su marca cumplen 35 años viviendo sin sobresaltos, en equilibrio y con un proyecto plenamente afianzado. Como buen gestor, ha sido capaz de conservar los niveles de facturación con menos tiendas y plantilla. Ha aprovechado la crisis para neutralizar deuda, blindar estabilidad, planificar un nuevo modelo de crecimiento y asumir ambiciosos desafíos, como el lanzamiento -con estreno en la próxima colección primavera-verano de 2018- de una plataforma online desde México para abarcar principalmente los mercados del sur de Estados Unidos, México y Colombia.

Conserva intacto el alto nivel de autoexigencia del primer día y conjuga sus verbos preferidos de siempre: “Sorprender, emocionar y seducir”. Roberto Verino concentra toda la creatividad, las ilusiones y la fantasía en sus diseños y en sus colecciones. Pero en el plan de negocio huye del artificio y juega la gran baza del realismo: “Lo más importante es ser auténticos, ser de verdad, y no aparentar”, asegura. El diseñador originario del valle de Monterrei (comarca de Verín, en la provincia de Ourense), siempre ha ido muchos pasos por delante de las tendencias.

Ha sido pionero en abrir tiendas fuera de España (su primera apertura internacional tuvo lugar en París en el año 1983); en apostar por el concepto de showroom; en buscar la rentabilidad de los córners en grandes almacenes; en incorporar el I+D+i a la moda de vanguardia -la sede central de su empresa, que alberga entre otros los servicios administrativos, el centro de diseño y el departamento de logística, están dentro del Parque Tecnológico de Galicia, en Ourense-; y hasta en forjar gremio en el sector que convive con la firma de autor, con los personalismos y con el individualismo. En 1998, Verino dio un paso al frente y fundó, junto con Modesto Lomba, Jesús del Pozo, Elio Berhanyer, Antonio Pernas y Ángel Schlesser, la Asociación Creadores de Moda de España (ACME).

Texto: Javier de Francisco ©

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–Si le parece adecuado, comencemos la entrevista por las magnitudes básica de su grupo empresarial. ¿Cuál es el número actual de tiendas y cuántas aperturas tiene previsto realizar en 2017?

–Actualmente tenemos 180 puntos de venta y en este momento nos planteamos renovar y mejorar nuestros espacios.

¿Qué plazas y mercados considera actualmente estratégicos para su compañía?

Estamos trabajando en el desarrollo de una plataforma de venta online en México que favorecerá el crecimiento de nuestra marca desde Miami a Bogotá. Está previsto que esté en marcha para la temporada primavera-verano de 2018. Las áreas en las que esperamos un mayor volumen de ventas a través de esta nueva plataforma son el sur de los Estados Unidos, México y Colombia.

¿Qué objetivos de facturación y número estimado de clientes se han propuesto alcanzar con ese canal de ecommerce desde México?

En estos momentos no tenemos datos que nos permitan cuantificar esos objetivos.

¿Cuánto facturó su grupo empresarial en el reciente ejercicio fiscal (comprendido entre el 1 de marzo de 2016 y el 28 de febrero de 2017)?

La facturación ascendió a 33,5 millones y la del ejercicio anterior se había movido en niveles similares, en concreto en 33,9 millones. La facturación estimada para el ejercicio 2017-2018 es de 34 millones de euros. Ahora mismo tenemos 414 empleados en plantilla.

De la cifra de negocio total, ¿qué porcentaje corresponde a exportación?

El porcentaje de negocio internacional de nuestra empresa es de un 15 %.

¿Contempla realizar aperturas de tiendas este año?

En relación a nuestros puntos de venta, no está previsto modificar el número pero sí renovar algunos de nuestros 180 espacios.

¿Están innovando en producto y también en la imagen corporativa y tiendas?

Tenemos el privilegio de cumplir 35 años como marca, y para lograrlo hay que reinventarse en cada colección. El reto está en hacerlo sin perder nuestra esencia. El cambio más significativo se está dando en presentar sobre la pasarela las colecciones en el tiempo de uso y ponerlas inmediatamente a la venta para nuestros consumidores.

¿En qué desfiles o pasarelas destacadas tiene previsto participar este año?

En el mes de septiembre participaremos en la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, que ha acogido con los brazos abiertos nuestra apuesta por el movimiento see now, buy now.

Ahora me gustaría pasar a la parte más personal de la entrevista, para conocer sus sensaciones después de toda una vida dedicado al sector de la moda, desde el lanzamiento de su primera colección en 1982. ¿El actual es un buen momento para los diseñadores consagrados como usted? ¿Se percibe la recuperación de la economía en el sector de la alta costura?

No es el mejor momento de los que he vivido en mis más de treinta años de profesión, pero hace mucho tiempo que decidí “ver la botella medio llena”… Quizás hayamos pasado la fase más dura de la larga crisis con la que convivimos desde 2008. Es evidente que notamos una cierta recuperación de nuestra economía, aunque todavía el comportamiento del consumidor de moda es muy volátil. Nos hemos aprovechado de una temporada de Navidad y de sus correspondientes rebajas que ya han evidenciado una evolución decreciente. Además, hemos pagado muy caro el “desorden” climático. El tiempo, que era uno de nuestros grandes aliados, ahora se ha convertido en uno de nuestros más persistentes enemigos. Al parecer vamos a ser los primeros que paguemos los platos rotos del calentamiento global. Dificultades aparte, éste es un momento apasionante para aquellas marcas de moda española que han hecho los deberes. La marca, el estilo y una política que insiste en su extraordinaria relación calidad precio nos han permitido mantener nuestra cuota de mercado, o incluso, como es en el caso de la ropa para hombre, aumentarla muy significativamente. En todo caso déjeme hablarle como diseñador de prêt-à-porter, no de alta costura. La expresión “alta costura” no debería llevarnos a confusión; es un producto “marca registrada” que solo pueden usar los miembros de la Cámara Sindical de la Alta Costura de Francia para sus creaciones artesanales.

Con su contribución al sector y con su trayectoria, ¿se considera reconocido a nivel social (clientes y público) y también a nivel institucional (políticos, organismos...)?

En términos generales le reconocería que sí, aunque son más generosos los clientes, el público y los medios de comunicación que las instituciones públicas. Los políticos podrían ayudarnos bastante más, y no hablo de la socorrida letanía de las subvenciones, las financiaciones ventajosas o los “brindis al sol”. Muchas veces me conformaría con que nos escuchasen, se vistiesen de nosotros o se sintiesen orgullosos de nuestra actividad y del prestigio que para nuestro país supone la moda cada día. A veces tengo la sensación de que hemos sido abandonados por una Administración que, en otra época, se mostró muy dispuesta a salir en la foto con los diseñadores de moda. Detalles como el de Cristina Cifuentes al asistir a mi último desfile, celebrado precisamente en la sede de la Comunidad de Madrid, serían la excepción que confirma la regla. Hay políticos en España que ni siquiera tienen la delicadeza de responderte a una carta. Me gustaría que la política nos tuviese mejor considerados. Déjeme decir, con una cierta ironía, que nos gustaría estar considerados como los libros, el teatro, los conciertos o el cine… A fin de cuentas todos somos una valiosa manifestación de la cultura de España.

¿Y el textil en general, está bien tratado por el sector público (ayudas, planes estratégicos reales, medidas efectivas en comparación con otros sectores de la economía gallega y española como la automoción, el naval...)?

No negaré que hubo una época en la que esas ayudas existieron. Con independencia de que me pudiese beneficiar mucho o poco de ellas, me pareció una decisión acertada, pues nuestro sector necesitaba una profunda transformación para competir en un mundo diferente tras el ingreso en la Comunidad Europea. Pero esas ayudas e incluso esos planes estratégicos han desaparecido de nuestro horizonte. No sé si la industria del automóvil, la banca o las constructoras implicadas en las radiales “nacionalizadas” reciben ayudas de la Administración, pero sí sé que la industria de la moda no… Quizás la internacionalización de nuestras marcas, así como las políticas de formación o de creación activa de empleo, exigirían un mayor compromiso de las Administraciones. No por casualidad la industria de la moda y su necesaria relocalización europea es un escenario perfecto para crear empleo, empleo joven, y para apoyar después a estos jóvenes en su formación continua.

¿Se ha arrepentido en algún momento, a lo largo de su exitosa carrera, de no haber desarrollado su proyecto empresarial en el prêt-à-porter o en un segmento más básico de la moda, al puro estilo de Inditex? ¿Habría obtenido mayores ingresos?

Es una pregunta muy difícil de responder puesto que desde el principio de mi trayectoria como diseñador de prêt-à-porter fueron muchas las voces que me aconsejaron bajar el listón hacia ese producto al que hoy llamamos low cost, pero, entonces y ahora, me resistí por considerar que ese fragmento del mercado me permitía menos “lujos intelectuales”. El impresionante éxito de Inditex podría llevarme la contraria… ¿Por qué hace treinta años no estuve interesado en esa fórmula? Hoy, con todo el mercado “reordenado” precisamente por el éxito de Inditex, sigo creyendo que mi lugar no estaba ahí. A pesar de la enorme contracción del mercado, sigo creyendo que el segmento medio-alto es el perfecto para las marcas de moda españolas, precisamente porque aquí está ese otro placer de los verdaderos consumidores de moda, la exclusividad del producto y la atención personalizada. Ya sé que el éxito de Zara es incuestionable, pero también sé que a los amantes de la moda lo que realmente les vuelve locos es Chanel… En mitad de esos dos polos, creo que hay un espacio privilegiado para los diseñadores de moda a los que nos entusiasman “las pequeñas diferencias”. Hay una cosa que se llama “la magia de la marca” y ese es el leitmotiv que conduce mi trabajo.

¿Le queda algún peldaño o algún objetivo por conquistar con su marca?

Me gustaría “reposicionarme”… Es decir, ser quien me gustaría ser… Lo cual no significa ser más grande, sino mejor… No quiero tener mil tiendas, me conformo con cien, pero eso sí, las mejores posibles, y para eso aún me queda mucho esfuerzo. Se trata de un esfuerzo constante, día a día, para conseguir la tienda que tú quieres, en la calle que tú quieres, con el escaparate que tú quieres, con el producto que tú quieres en ese escaparate y con los empleados que tú quieres en ese punto de venta. Toda esta subida al Everest, es la misma que soñaba cuando empecé. Creo que solo los profundos cambios que nuestra economía ha vivido en los últimos ocho años han impedido que no esté ya más cerca de la cumbre.

¿Hoy aún existe fidelidad a las marcas en la moda de diseño, o cada vez se percibe menos?

Creo que sigue existiendo, que se lo pregunten si no a los clientes de Hermès o de Prada… Lo que ocurre es que el mercado anda muy revuelto, precisamente porque la crisis económica mundial, no solo nacional, ha sido un maravilloso ejemplo de eso que llamaríamos “a río revuelto, ganancia de pescadores”… Hoy, las rebajas a tiempo, y destiempo, los outlets, las promociones especiales, las segundas líneas, las colecciones burbuja, el low cost, los pop up store, los mercadillos de diseño, los mercadillos vintage y mil ofertas más, han terminado por desdibujar la vieja convicción de la fidelidad a la marca… Pero creo que sigue existiendo. No es un problema de identidad sino de tamaño. Quien baja su target de mercado no lo hace por una elección intelectual, sino por un problema de recursos… Quien puede, sigue permitiéndose el lujo de ser fiel a la marca. Ese es además su placer añadido. Para ellos es como sentirse a salvo de la crisis.

¿Los nuevos canales de venta (Internet) ayudan realmente a vender más o al final pueden llegar a perjudicar (dificultades en la previsión de ventas, estrechez de márgenes, costes logísticos, abuso de las devoluciones, menos fidelidad a la marca...)?

Creo que es muy pronto para responder a esa pregunta. Con los datos que tenemos hoy es imprescindible estar ahí, contar con ese canal, incluso darle toda la atención que se pueda… El incremento de ventas en ese canal es exponencial… Lo que aún no podemos saber es si, como casi todas las cosas, esta nueva fórmula de venta seguirá la ley de “rendimientos decrecientes” y que llegará un momento en el que el exceso de oferta hundirá los precios o provocará el abandono de la demanda por considerarlo una experiencia “déjà vu”… Hoy muchos clientes prefieren la comodidad y el anonimato de lo virtual, pero la moda, como todo lo social, se mueve por la “ley del péndulo” y cada vez son más los que empiezan a añorar el placer inolvidable de “ir de compras”… El fútbol se puede ver mejor en la televisión gigante de tu salón, pero ¿quién va a renunciar a la experiencia de un partido en directo?

¿Cree que aún es recuperable la infraestructura de talleres de costura que llegaron a ser tan tradicionales y tan populares en Galicia y, particularmente, en la provincia de Ourense?

Creo que sí. El proceso macroeconómico por el que desaparecieron -la famosa globalización que buscaba el minuto más barato en el extremo Oriente- está agotándose y no son pocas las empresas de lujo y de moda europeas que están volviendo a reindustrializar Europa. Creo que ese proceso nos devolverá la posibilidad de fabricar si no todo, sí al menos lo mejor, otra vez aquí. Espero y deseo, también por las condiciones de vida del Tercer Mundo, que los crecientes costes de su mano de obra reequilibren el mapa mundial de la confección. Solo necesitamos que las autoridades europeas respondan a su convicción de que Europa debe de volver a apostar por su industria. De la nuestra dependen muchos millones de puestos de trabajo y muchos miles de artesanos cualificados. Ese reequilibrio es imprescindible, incluso para la supervivencia económica de Europa. No todo va a ser turismo y especulación financiera; tenemos que volver a saber hacer nuestro pan y nuestro traje… Como ha demostrado LVMH (Louis Vuitton Moët Hennessy) durante todos los años de la crisis, eso es lo que fascina al Tercer Mundo de los europeos. Tenemos que creer más en nosotros.

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Web Oficial: www.robertoverino.com

Facebook Oficial: www.facebook.com/RobertoVerino

 

 

 

  

 

 

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