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Empresario del sector de la restauración, hostelería y turismo rural, propietario del hotel Arcos de Quejana

Abrió una veintena de locales en el País Vasco y desde hace dos décadas gestiona el referente turístico del Valle de Ayala

Al empresario ourensano Ángel Sanmamed, originario de Borrán (municipio de Vilar de Barrio) no se le resiste ningún segmento, ni ninguna nueva actividad del sector de la hostelería. Conoce todos los formatos de venta y todos los estilos de local, porque su filosofía empresarial se basa en innovar, en probar lo nuevo y en buscar sensaciones desconocidas para el cliente. Puso en marcha una veintena de locales en el País Vasco, desde quioscos de helados hasta bares, pubs, hamburgueserías, restaurantes y salones recreativos. Desde hace veinte años es el propietario de una de las perlas del turismo rural alavés, el hotel y restaurante Arcos de Quejana, situado en pleno Valle de Ayala, entre Vitoria y Bilbao. Este antiguo palacio del siglo XVII dispone de 16 habitaciones, de un apartamento de 100 metros cuadrados y de un restaurante con capacidad para 450 personas. A pesar del origen ourensano del propietario, la clientela gallega es casi testimonial, frente a una mayoría de turistas catalanes, madrileños y europeos.

Texto: Javier de Francisco © 

La naturaleza de Borrán, en la comarca ourensana de A Limia, impregnó la infancia de Ángel Sanmamed. Y hoy los paisajes verdes continúan muy presentes en su vida, aunque ya no se correspondan con la media montaña del interior de Galicia, sino con la suavidad del valle de Ayala, en Álava. Pero entre ambos paisajes, media un recorrido vital repleto de desafíos e incluso de aventuras.

Ángel Sanmamed reconoce que lo suyo no era el estudio y por eso cambió Galicia por el País Vasco cuando aún era un niño. Sus hermanos ya estaban establecidos en Vitoria. Antes de cumplir los 16 años ya sumaba esfuerzos en los buques mercantes de la Naviera Aznar, de Bilbao. Su ruta iba desde el puerto italiano de Ancona hasta la entonces Guinea Francesa, en un viaje que duraba quince días y que tenía como misión transportar madera africana al sur de Europa. Resistió nueve meses entre el producto de la tala masiva de árboles. La comprobación de que aquel no era su viaje y la enésima gastroenteritis pusieron fin anticipado a su primera etapa laboral.

 

 

Después de un período de seis meses en Barcelona, regresó a Bilbao y orientó su carrera hacia el pequeño comercio y la hostelería: “Abrí 18 locales, promoviéndolos y arrancándolos. Siempre me consideré un innovador y nunca dudé en ir abriendo negocios que aún no existían por aquella época”, desde un pionero pub de estilo británico hasta un arriesgado asador en pleno polígono industrial.

Su larga lista de establecimientos comienza con un quiosco de helados y continúa con una tienda de helados y golosinas, la cantina del Centro Gallego de Llodio, un salón recreativo, los bares de dos piscinas públicas, dos gimnasios, dos pubs, dos hamburgueserías, otros dos salones de juegos, un irish pub... Pero entre todos sus negocios, el buque insignia es Arcos de Quejana, por el que apostó hace veinte años y en el que sigue encontrando la inspiración y la evocación de sus juegos de infancia en Borrán.

 

 

Este antiguo palacio se encuentra al lado del conjunto monumental de Quejana y antiguo solar de los Ayala (siglos XIV al XVI), cuya edificación de referencia es el Palacio Fortificado de los Ayala, levantado por Fernán Pérez de Ayala. Se trata del conjunto medieval más importante de Álava. En el año 2002 fue declarado Bien Cultural Calificado por el Gobierno Vasco.

Doble cita histórica

De las citas históricas, Ángel Sanmamed se queda especialmente con dos. La que sitúa al canciller Ayala como personaje histórico más destacado de Álava y uno de los de mayor proyección en la historia de España, y la que hace referencia directa al edificio del actual hotel y restaurante: “Según cuenta la leyenda,   fue construido para un hijo bastardo del canciller”, recuerda entre sonrisas.

 

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Arcos de Quejana, con 4.000 metros cuadrados de superficie construida, ocupa una finca de siete hectáreas. Dispone de 16 habitaciones, que fueron reformadas al completo en el año 2012, y ofrece además un exclusivo apartamento de 100 metros cuadrados. El restaurante, muy demandado para bodas y celebraciones, tiene capacidad para 450 comensales y dispone de una carta en la que no faltan los excelentes platos y vinos de la gastronomía alavesa.

 

 

 

Para ofrecer ambos servicios -hospedaje y comidas-, el establecimiento cuenta con una plantilla media de 16 a 18 empleados. La ubicación intermedia entre Bilbao (a 30 kilómetros) y Vitoria (a 35 kilómetros) hacen que este emblemático foco turístico del Valle de Ayala se convierta además en un destino recurrente para muchos clientes que residen en las dos ciudades vascas.

 

 

Ángel Sanmamed lamenta que la clientela gallega sea minoritaria en sus instalaciones: “De Galicia viene muy poca gente, y es una pena, porque esta zona del País Vasco merece al menos una visita. Recibimos turismo de toda España, pero sobre todo de Barcelona y Madrid. También tenemos cada vez más clientes extranjeros, de países como Alemania, Holanda o Rusia”, afirma.

 

 

El empresario ourensano se siente especialmente orgulloso de la relación profesional con varias empresas gallegas, convertidas ya en proveedores fijos de Arcos de Quejana: “Siempre procuro tener presente la gastronomía de Galicia. En concreto, estamos comprando mariscos y pescados que proceden de Muros, en A Coruña. Hoy hay muchas ventajas para el transporte y la logística, así que es posible que la mercancía salga de Galicia a las siete de la tarde y que ya esté en nuestro establecimiento a las nueve de la mañana del día siguiente”, detalla.

 

 

Por otra parte, la gastronomía y el turismo exclusivo no colman el estilo que Ángel Sanmamed quiere imprimir a la gerencia. Y de ahí el toque social y artístico: “Aquí somos muy solidarios. En el año 2011 hicimos un homenaje a las víctimas de Fukushima. Consiste en un mural de 17,5 metros de largo por 2,10 metros de alto, elaborado artesanalmente con vigas de madera por el escultor Xabier Santxotena, y que representa las cuatro primeras fases del accidente nuclear, es decir, la civilización, el progreso, la naturaleza y el caos. El mural también es obra de la pintora Teresa Lafragua”.

 

 

Y otra escultura, “Flor de Vida”, simboliza la quinta fase de la catástrofe que sacudió Japón en marzo de 2011. En este caso es una obra de acero, de 6 metros de altura y con manantiales de agua, que se ilumina por las noches.

Además, el empresario destaca que para celebrar el vigésimo aniversario de la apertura del establecimiento, se procedió a la plantación de un robledal (“carballeira en mi tierra”), en el que cada ejemplar lleva el nombre de una ONG. “Es un bosque solidario, con pinturas. A lo largo del año tenemos previsto celebrar galas dedicadas a cada ONG, con el fin de recaudar fondos para ellas”, explica.

 

 

Ya en el terreno personal y familiar, Ángel Sanmamed reconoce la dificultad de que se produzca el relevo generacional en la gestión de Arcos de Quejana: “Tengo tres hijos, de 26, 33 y 36 años, pero ninguno de ellos está en la empresa familiar. Se dedican a otras actividades. Aquí nos queda mucho por hacer. Tengo las mismas ganas e ilusión de siempre y continuaremos haciendo cosas interesantes. Nunca he sido un empresario de los que siente apego por el dinero. Esa forma de llevar los negocios es contraria a seguir invirtiendo e innovando, como he hecho toda mi vida”, asegura.

Como gran asignatura pendiente tiene “realizar estancias más largas en Galicia. Voy menos de lo que me gustaría y además en viajes cortos. Desde este año me he propuesto ir más veces. Y otra ilusión que tengo es la de hacer el novenario (nueve días de tratamiento) de las aguas termales de Ourense, en A Chavasqueira”.

  

 

 

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