Un capitán de Marina dedicado al mobiliario de cocina en Tailandia desde hace 25 años

Su empresa llegó a facturar más de un millón de euros antes del Golpe de Estado de 2014 y participó en la reconstrucción de los complejos hoteleros de Phuket afectados por el devastador tsunami de 2004. Es originario de Tamaguelos (Verín), hijo de emigrantes al País Vasco, llegó a Tailandia como becario de la Cámara de Comercio de Bilbao y ya acumula en el país 25 años de experiencias de éxito, pero también de sobresalto e incertidumbre.

Texto: Javier de Francisco ©

 

Rafael Veiga Pérez (Tamaguelos, Verín) llegó a Tailandia en 1990 como becario de la Cámara de Comercio de Bilbao para promocionar las exportaciones españolas al país asiático. Veinticinco años después continúa en el país, en donde ha formado familia y en donde ha desarrollado su propio proyecto empresarial.

Aunque Asia no era inicialmente su destino. La vocación le llevó a estudiar para capitán de la Marina Mercante en la Escuela Técnica Superior de la Marina Civil de Portugalete (Vizcaya). Pero eligió el comercio internacional para su proyecto de fin de carrera y así comenzó todo. Previamente, llegó a trabajar de segundo oficial para Contenemar, en la ruta Bilbao-Vigo-Canarias y se enroló en varias empresas marítimas de Latinoamérica.

Ya en Tailandia, al finalizar su vinculación con la Cámara de Comercio de España se incorporó como agente de compras a Dodwell Thailand, intermediaria en las operaciones entre El Corte Inglés y proveedores tailandeses de sectores como la decoración y el mueble.

Tras esta experiencia, Rafael Veiga ejerció como agente libre de varias empresas españolas vinculadas a los suministros para la construcción, como Ferymag, Casa Buades y la gallega Granisa (Granitos de Atios). En 1995 fue elegido por Teka, por su conocimiento de la región, para gestionar la apertura de su delegación comercial en el país. Cinco años después ya ejercía como director regional de la multinacional Teka para todo el sudeste asiático.

En 2004, este emprendedor de la comarca de Verín apostó por su propio proyecto empresarial. Constituyó RS Venture en Bangkok, en una primera etapa para importar muebles de cocina fabricados en Malasia. Pero pronto añadió la representación de importantes firmas italianas y españolas, incluida la gallega Mobalco.

La empresa de Rafael Veiga ha dado a conocer el diseño español de mobiliario de cocinas en las villas, hoteles y complejos turísticos más exclusivos de Phuket y Pattaya, y también en edificios de arquitectura singular construidos en Bangkok durante la última década. Así, ha ayudado a expandir la marca valenciana de encimeras Compac y en mobiliario de exterior para hoteles la catalana Kettal.

 

 

En los complejos hoteleros de Phuket

RS Venture logró su récord de facturación en 2009, cuando en pleno boom inmobiliario llegó a sobrepasar el millón de euros en ventas. Entonces contaba con 22 empleados y trabajaba habitualmente en la recuperación de complejos hoteleros de Pukhet -concentra diez millones de turistas entre diciembre y febrero- devastados por el tsunami de diciembre de 2004.

Sin embargo, la inestabilidad política y económica de los últimos años ha tenido una notable repercusión en la actividad profesional de Rafael Veiga en Tailandia. Al igual que la población local y que los inversores extranjeros, ha vivido con incertidumbre el Golpe de Estado que forzó la salida de la primera ministra Yingluck Shinawatra en mayo de 2014. Curiosamente, este empresario ourensano llegó a tener en su cartera de clientes a la propia primera ministra: “En el año 2007, cuando aún no estaba al frente del Gobierno, nos compró una cocina española de la marca Aisa que instalamos en su residencia privada”, recuerda Rafael Veiga.

Después de trabajar para numerosas empresas locales e internacionales del sector contract y de instalar mobiliario de cocina en hoteles, villas turísticas, centros comerciales y edificios residenciales de las mejores zonas de Tailandia, el plan de negocio de RS Venture se torció por los acontecimientos políticos y sociales.

 

Más inestabilidad política

A finales de mayo de 2014, este empresario originario de Tamaguelos nos relataba desde las oficinas de su empresa que “El Ejército, con el visto bueno de la Monarquía, ha tomado el control absoluto del país. Sigue el toque de queda entre las doce de la noche y las cuatro de la madrugada, lo que está originando muchas pérdidas y quejas de los residentes y turistas. No hay falta de comida, los supermercados están abiertos y los horarios de trabajo siguen igual, pero apenas existe actividad ya que no hay alegría en las calles”.

Sobre las primeras repercusiones del caos político, económico y social, apuntaba que la economía local “ya ha retrocedido hasta un 1,8 de crecimiento anual, las exportaciones no tiran del carro -en abril apenas subieron un 0,8%, la moneda no se ha devaluado mucho pero el clima de inversión es nulo y muchos inversores extranjeros han retirado fondos de la Bolsa, que llegó a caer un 13% el primer día del Golpe. Ahora se ha estabilizado. Las tiendas y centros comerciales siguen abiertos desde las 10 hasta las 22 horas y los transportes funcionan normal, pero se ve poca gente en ellos”.

Finalmente, esta crónica en primera persona desde Bangkok situaba las mayores pérdidas en el conjunto de la industria turística de Tailandia: “Las previsiones para 2014 eran de 28,6 millones de turistas y ahora dicen que no se llegará a 25 millones. La mayor fuente de ingresos del país junto a las exportaciones se verá por lo tanto seriamente dañada. Y lo peor es que no se ha puesto fecha a las reformas, ni a las elecciones, cuando saberlo daría confianza al inversor, a los residentes y a toda la sociedad tailandesa que necesita un poco de impulso para volver a ser el Land of smiles”, apuntaba en esos días de fuertes tensiones.

Casi un año después, y con la normalidad establecida desde hace meses, Rafael Veiga se muestra orgulloso de la continuidad de su proyecto de empresa: “RS Venture sigue operativa, aunque la facturación ha bajado mucho, desde los 12 millones de baht del 2013 hasta los 4 millones de baht del 2014. Y para 2015

las perspectivas en Tailandia no son nada halagüeñas, pero sí en países como Vietnam y Filipinas. Nuestro objetivo es alcanzar una cifra de negocio de 10 millones de baht, que es el equivalente a solo 250.000 euros”, precisa.

La crisis local del sector de la construcción le llevó a cerrar la tienda de RS Venture en Phuket, en donde instalaba hasta 50 cocinas completas en cada complejo hotelero. Su empresa mantiene la representación de Kettal y Vondom. Como buen emprendedor, no descarta iniciar un nuevo proyecto empresarial en Manila, aprovechando que la economía filipina está creciendo a un ritmo anual del 7%.

Del otro triste acontecimiento en la historia reciente de Tailandia, el tsunami de las Navidades de 2004, Rafael Veiga recuerda que “fue horrible. En Navidad siempre vamos a España, pero aquel año nos tuvimos que quedar en Bangkok por asuntos laborales. No pasó nada en nuestra empresa, pero murieron muchos conocidos nuestros en Phuket, sobre todo clientes. Por fortuna, la zona se ha recuperado muy bien para el turismo”, rememora.

 

La emigración en el ADN

La emigración siempre ha estado en el ADN de este empresario ourensano. Sus padres emigraron a Bilbao, en donde regentaron un bar y restaurante familiar durante tres décadas.

Después de vivir etapas de fuerte inestabilidad en Tailandia, entre ellas varios golpes de Estado, la última crisis del país le hizo replantearse su futuro e incluso pensar en la posibilidad del regreso a España. Sin embargo, hoy sigue apostado por el potencial del sudeste asiático. Y en paralelo con el sector del mobiliario de cocina, su sueño empresarial sería “poner en marcha una empresa de distribución de productos españoles y abrir un restaurante y vinoteca para saborear lo mejor de Galicia y de España”.

Tras 25 años en Bangkok, asegura que la gastronomía gallega tiene un gran potencial en el sudeste asiático: “Todo lo Made in Spain gusta mucho aquí, pero sólo están Zara, Mango, Adolfo Domínguez y poco más. Pero faltan iniciativa e inversiones de las empresas gallegas y españolas”, concluye.

 

  

 

 

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