Propietario de Landmerk, estación reparadora de aviones de pasajeros, militares, de carga y corporativos, con sede en Miami y homologada por la FAA (Administración Federal de Aviación)

“Pasó de gestionar en Venezuela una empresa familiar con 120 empleados a abrir un negocio aeronáutico en Miami”

Los orígenes familiares de José Manuel Escalante están en el municipio de O Carballiño, en concreto en el pueblo de A Veiga (parroquia de Ponte Veiga), el lugar de partida de su madre en la emigración rumbo a Venezuela a mediados de los cincuenta. El actual propietario de Landmerk nació en Caracas y, tras completar sus estudios en España y en el Reino Unido, y vivir una primera experiencia profesional en el sector de los seguros, se incorporó como gestor de la empresa familiar dedicada a la remodelación de locales comerciales. Sin embargo, las sucesivas crisis financieras y políticas de Venezuela le forzaron a “empezar de cero en la emigración”, a cambiar de país y a buscar una nueva oportunidad profesional en Estados Unidos.

Texto: Javier de Francisco © 

 

El negocio familiar de José Manuel Escalante en Venezuela tenía en su cartera de clientes a multinacionales como Gillette, Laboratorios Glaxo y Oracle, y a líderes nacionales como el Banco Unión y Mercantil Banco Universal. La empresa, fundada en 1986, se encargaba de acompañar a estas grandes corporaciones en el despliegue de la red comercial. Era la firma de confianza para acondicionar las oficinas de agencias bancarias y las sedes de compañías petroleras y de multinaciones extranjeras radicadas en Venezuela cada vez que se producía una nueva apertura en diferentes zonas del país, y especialmente en el área de Caracas.

El grupo familiar llegó a contar con 120 empleados y con numerosos proveedores locales. Sin embargo, en 1992 se vio muy afectado -al igual que las industrias y las empresas de servicios del país- por el control de los tipos de cambio adoptado por el Banco Central de Venezuela, en una época especialmente convulsa por la inestabilidad política, con varios intentos de golpe de Estado.

Pero el inesperado final del negocio familiar se gestó dos años más tarde, en 1994, como consecuencia de la quiebra del Banco Latino -fue la segunda mayor entidad financiera de Venezuela- y del Banco de Maracaibo, para los que trabajaba y en los que además la familia Escalante había confiado los depósitos y también la financiación de proyectos: “De golpe perdimos el dinero, las oficinas, los almacenes y todo cuanto tenía la empresa. Después de mucho trabajo y de un gran sacrificio, tuvimos que empezar una nueva vida desde cero”, recuerda José Manuel Escalante.

El cierre de la empresa familiar se produjo en 1995: “Tuvimos que cerrar nuestras oficinas y liquidar todos los activos que teníamos en aquel momento. Con el deterioro de la economía venezolana, que llevó a muchas empresas al cierre, y sin que hubiese muestras de mejoría a corto plazo, nos vimos obligados a emigrar y decidimos hacerlo a Estados Unidos”, relata el empresario de origen ourensano.

Con el paso del tiempo, su madre tuvo oportunidad de regresar y de residir nuevamente en la comarca de Carballiño, y él apostó por vivir intensamente el sueño americano, aún con las secuelas de la pesadilla reciente en Venezuela. Inicialmente se incorporó como representante para Latinoamérica de una empresa de Estados Unidos con la que mantenía relación comercial, ya que era uno de los proveedores del negocio familiar de reformas de locales. Al poco tiempo, la firma americana también cerró, pero José Manuel ya se había asentado en el país y había forjado sus primeros contactos profesionales en Florida.

Sin conocimientos previos del sector, encontró empleo en una empresa aeronáutica que estaba especializada en la reparación de los instrumentos de cabina de los aviones. Y con esta experiencia, solo necesitó unos años para fundar su propia estación reparadora de aviones, Landmerk, en compañía de dos socios. En la actualidad es el único propietario de la firma, a la que ya se ha incorporado la tercera generación de la familia Escalante.

Facturación de 3 millones 

Landmerk tiene su sede en South Miami, en las cercanías -a solo cinco minutos- de Tamiami Airport, el aeropuerto auxiliar del Miami International. Las instalaciones de la estación reparadora están formadas por 1.050 metros cuadrados dedicados a taller de reparación y a almacén, y por 350 metros cuadrados reservados para las oficinas administrativas.

La facturación media anual roza los 3 millones de euros, con un 40% de los ingresos procedentes de la exportación. Sus principales mercados exteriores son Brasil, Venezuela, Argentina, España, Portugal, Alemania, Irlanda, Rusia, Tailandia, Filipinas e India.

Entre sus clientes corporativos destacan Aerolíneas de Venezuela y Cayman Airways, aunque en su cartera indirecta están grandes aerolíneas mundiales, como suministrador de piezas a compañías intermediarias. Solo en el negocio de los neumáticos para aviación comercializa en torno a 2.000 ruedas de avión por año, como distribuidor de Bridgestone, Goodyear, Michelín y Dunlop, entre otras marcas.

Por otra parte, el segmento militar genera algo más del 5% de la cifra de negocio total de Landmerk. La plantilla (personal administrativo y mecánicos) está formada por doce empleados. 

La empresa ofrece servicios de reparación y overhaul de ruedas y frenos para todo tipo de aeronaves, entre ellas diferentes modelos de Cessna, Jetstream, ATR, Embraer, Airbus y Boeing. Su catálogo de productos y servicios incluye aviones de pasajeros, de carga, corporativos y militares, y también actúa como intermediadora para otras distribuidoras de piezas de aviones. Asimismo es proveedora de varias administraciones militares de Estados Unidos, Europa y Asia.

 

 

Está certificada por la Administración Federal de Aviación (FAA), para la que cuenta con homologación para las divisiones militares de Estados Unidos y Canadá. Además, está autorizada por EASA para desarrollar la actividad de distribución en Europa. En el ámbito militar también ha obtenido acreditación por la DCA de Tailandia.