Gerente de Grupo Saleta

La mayor mueblería de Santiago de Veraguas crea su propia empresa financiera

El grupo Saleta, con sede en Santiago de Veraguas (Panamá), pasó directamente de la primera a la tercera generación. Su fundador, Jaime García, emigró en 1968 desde Astureses (O Carballiño). Después de seis años en el país trabajando como comercial de una mueblería abierta por otros emigrantes gallegos, decidió crear su propia empresa, Mueblería y Joyería Saleta, que en 1984 adoptó su actual razón social, Inversiones Saleta. En 2012, le llegó el relevo en la gestión a través de su nieto, Miguel Adán, y de su nieta política, Rocío Iglesias, que cambiaron sus empleos en la sede administrativa de dos importantes constructoras con actividad en Galicia por la oportunidad de ponerse al frente del negocio familiar situado a 8.000 kilómetros de Ourense.

Texto: Javier de Francisco © 

Hablar de mueblerías en Panamá es hablar de empresas y empresarios gallegos. O para mayor precisión, de empresarios de la comarca ourensana de Carballiño. La asamblea de la Asociación Nacional de Mueblerías podría celebrarse perfectamente en agosto en la Festa do Pulpo, en pleno Parque Municipal de O Carballiño. Y no faltaría quórum, porque de los más de cien integrantes de esa asociación sectorial panameña, el 80% son originarios de la comarca carballiñesa.

El capital gallego no solo monopoliza la distribución de muebles en las principales ciudades de Panamá, desde la capital hasta Veraguas, Colón o David, sino que también controla la fabricación, con importantes industrias que a pesar de la creciente entrada de mueble asiático siguen manteniendo una elevada cuota de mercado.

En Santiago de Veraguas, la mueblería con mayor superficie de venta y una de las más importantes por volumen de facturación es Inversiones Saleta, que desde febrero de 2012 se encuentra en tercera generación. El fundador, Jaime García, llegó al país con 39 años y permaneció al frente del grupo empresarial hasta los 83 años.

 

 

Con la segunda generación residiendo en España, la continuidad del proyecto familiar pasaba por la incorporación de su nieto Miguel Adán o por la venta. Y al final se impuso la primera opción: “Mi abuelo llevaba algún tiempo tratando de convencerme para venir a Panamá. Y en la etapa fuerte de la crisis, en 2012, mi mujer y yo decidimos que era el momento de cambiar nuestro entorno y nuestro futuro laboral”, explica el actual gerente de Inversiones Saleta.

 

 

Miguel Adán estudió Económicas y llevaba cinco años en el departamento de administración de una multinacional de la construcción. Anteriormente había trabajado en el sector bancario, que no le sedujo por las excesivas presiones comerciales. Su esposa, Rocío Iglesias, también tenía un puesto acomodado en las oficinas de una constructora con sede en Lalín.

 

El legado del fundador

El legado de su abuelo ha sido una mueblería con cuatro décadas de tradición y con un excelente posicionamiento de mercado, así como un amplio conocimiento del sector y de otra actividad que en Panamá forma parte del día a día de las economías familiares, el mercado del préstamo. Actualmente, solo la quinta parte de las ventas que realizan las mueblerías se hacen sin financiación, a pesar de que el tipo de interés de los préstamos personales suele situarse entre el 24 y el 36%, en un país en el que las tarjetas bancarias también aplican tipos superiores al 20%. Y todo por el sobrecoste de la inflación y en especial de las altísimas tasas de morosidad.

Además, el fundador del grupo Saleta se dedicó a un tercer negocio, las inversiones inmobiliarias. Promovió varias construcciones en Santiago de Veraguas y su empresa es propietaria de varios locales en alquiler a diferentes organismos del Gobierno panameño.

Como aportación de los nuevos gestores de la sociedad, en 2013 el grupo familiar abrió su propia financiera, bajo el nombre comercial de Grupo Saleta. Da servicio a los clientes de la mueblería y a otros usuarios financiando sus compras de productos e inversiones. A la primera oficina de Santiago de Veraguas ya se le ha unido hace unos meses la nueva sede de la ciudad de David, y están proyectadas algunas aperturas más en el país, comenzando por la capital, Panamá.

Miguel Adán detalla que dentro de esta línea de negocio pueden conceder préstamos personales con garantía hipotecaria: “Podemos intervenir como prestamistas, pero no en la captación de fondos y depósitos”. De la nueva experiencia familiar en Panamá resalta que “está siendo muy positiva, especialmente para nuestros hijos mellizos, a los que les va muy bien el clima de este país. Y en el ámbito profesional también estamos contentos, aunque en el sector del mueble se nota que está entrando competencia de grandes grupos nacionales y también mexicanos”.

 

Un destino que no era Panamá

Miguel Adán describe para Ourensemigrante.es los principales hitos que ha vivido su abuelo en la emigración:

Él, antes de venir a Panamá se fue a Francia durante casi un año y estuvo trabajando para conseguir el dinero suficiente para pagarse un billete para emigrar a América. Llegada la hora de la verdad, su primera intención era comprar el billete de un barco que iba para República Dominicana, pero no había barco hasta dentro de bastante tiempo, y el primero que salía para América era a Panamá, así que decidió subirse a ese ya que también sabía que mucha gente conocida suya de pueblos vecinos al suyo, había emigrado a Panamá, así que emprendió rumbo a este país de Centroamérica dejando atrás a su mujer y a su hija (mi madre).

Llegó a Panamá el 21 de febrero de 1968, casualmente el día de su cumpleaños, después de atravesar el Océano Atlántico en un viaje que duró casi un mes. Llegó al puerto de Colón con 200 dólares en el bolsillo, y lo fue a recoger allí un vecino de un pueblo cercano al suyo que había emigrado unos años antes. Durante varios años estuvo trabajando en la mueblería de otros gallegos como vendedor de muebles en las provincias centrales de Panamá. Para ello, comenzaba a trabajar una vez salía el sol y en su pick-up iba recorriendo y visitando los pueblos para poder vender los muebles. Pasados cinco años y cuando consiguió dinero, le compró un billete de avión a mi abuela para que se fuera a Panamá con él, y dejaron a mi madre en Carballiño con la hermana de mi abuela. Diez años después de llegar al país fue cuando por fin mi abuelo pudo regresar a Galicia para pasar allí unos meses de vacaciones y ver a su hija, a la que no había visto en toda esa larga década.

En 1974 decidió fundar empresa por su propia cuenta, Mueblería y Joyería Saleta, en Santiago de Veraguas, dedicada a la venta de muebles y joyería en general. En el año 1984 pasó a llamarse Inversiones Saleta, S.A., el mismo nombre que se mantiene en la actualidad.

Durante todos esos años, mi abuelo se dedicó por completo a su empresa y además decidió hacer algunas construcciones en Santiago de Veraguas, de las cuales tiene varias alquiladas a diferentes organismos del gobierno de aquí.