Presidente de Agencía Río y de Inversiones HMR, sociedad propietaria del World Trade Center de Venezuela y del hotel cinco estrellas Hesperia WTC

Entra en el sector de la prensa con la compra del diario venezolano Notitarde

Con una trayectoria de casi 40 años en Venezuela, el empresario ourensano José Rodríguez Álvarez reparte su actividad entre la gestión de su primer negocio, la agencia de festejos y catering Río; la presidencia ejecutiva de Inversiones HMR -sociedad propietaria del único World Trade Center existente en Venezuela y del hotel cinco estrellas Hesperia WTC-; la promoción inmobiliaria (ha impulsado más de medio millón de metros cuadrados); y, desde enero de 2015, la propiedad del diario carabobeño Notitarde, que hasta su venta estaba considerado como uno de los rotativos críticos con el chavismo y con el presidente Nicolás Maduro. Nacido en Grou (Lobios, Ourense), José Rodríguez Álvarez emigró a los 16 años a Barcelona, en donde abrió un bar, y a los 27 años se estableció en Venezuela tras detectar las oportunidades de negocio del país caribeño durante un viaje de vacaciones.

Texto: Javier de Francisco © 

Ha fundado una de las mayores empresas de festejos y catering de Venezuela y, en sociedad con el también empresario ourensano -afincado en Barcelona- José Antonio Castro Sousa (dueño de la cadena hotelera Hesperia, mayor accionista individual del grupo NH Hoteles y presidente de la compañía constructora José Castro) ha realizado grandes promociones inmobiliarias en el país, entre ellas la del World Trade Center de la ciudad de Valencia (estado de Carabobo), un complejo que incluye el único centro de negocios de toda Venezuela, un hotel cinco estrellas de 340 habitaciones (el Hesperia WTC), un centro de convenciones con 37 salas y capacidad para 5.000 personas, un recinto de exposiciones de 24.000 metros cuadrados, y un edificio de oficinas de 28.000 metros cuadrados.

En total, el complejo suma 162.000 metros cuadrados de superficie construida y su actividad mantiene 950 empleos directos y unos 6.000 indirectos.

 

 

Seis años antes del inicio de las obras del Wolrd Trade Center, José Rodríguez Álvarez también participó en otra operación inmobiliaria de grandes vuelos, como inversor de la Torre Platinum (costó más de 18.000 millones de bolívares), el icono urbanístico de la ciudad de Valencia. Está considerado el edificio inteligente más avanzado de Venezuela, al disponer de las últimas tecnologías en automatización. Tiene 20 pisos, 14.000 metros cuadrados de oficinas y 600 de área comercial. Es la sede de importantes multinacionales y de grupos extranjeros establecidos en el país.

 

 

A la trayectoria profesional de José Rodríguez Álvarez en Venezuela no le faltan hitos. Su agencia de festejos, Río, no ha parado de crecer; en el sector inmobiliario ha sacado al mercado más de medio millón de metros cuadrados en construcciones residenciales, comerciales y locales de oficinas; es copropietario de uno de los principales hoteles de la ciudad de Valencia -la tercera gran urbe de Venezuela-; y su empeño y su visión de negocio le llevaron a impulsar el primer World Trade Center venezolano, que fue inaugurado en el año 2009.

Dos socios de peso

En casi todas las operaciones de inversión le acompañan como socios el ourensano José Antonio Castro y el empresario local Martín Sousa, propietario de Corporación Hotelera Entreten, que  controla el circuito de las salas de bingo y la fabricación (es dueño de una planta de ensamblaje) y explotación de máquinas tragaperras.

Aunque no necesitaba más protagonismo mediático, en enero de 2015 José Rodríguez dio un paso más con su entrada en el complejo sector de la prensa. En una operación en la que los medios venezolanos también vinculan al propietario de la cadena Hesperia, adquirió el rotativo Notitarde, considerado hasta entonces por el Gobierno de Nicolás Maduro como uno de los medios opositores por su línea antichavista y por el punto de vista que venía ofreciendo sobre la crisis económica del país (y particularmente sobre la descripción del racionamiento de productos de primera necesidad y sobre el control gubernamental de las importaciones).

 

 

El respaldo del Gobierno de Venezuela a la compra y las garantías de suministro de papel para su planta de impresión, así como el acuerdo logrado con los anteriores propietarios después de medio año de negociaciones, han hecho posible que Notitarde, el diario del estado de Carabobo, tenga ahora propiedad gallega.

Tres semanas después del cambio de propietarios, el propio rotativo se hacía eco de una reunión de José Rodríguez con los trabajadores y recogía varias declaraciones suyas: “Si somos el segundo en circulación a nivel nacional estando en la provincia, ¿por qué no llegar a Caracas para estar en el primer lugar?”, comentó entonces el empresario de la comarca ourensana de A Baixa Limia. En relación a las críticas sobre la posible línea editorial a adoptar, apuntó que “ante todas las especulaciones que han sido publicadas en redes sociales, yo les digo que se esperen y verán cómo van a ser las cosas”.

Además, reconoció la existencia de negociaciones -previas a la compra- con el Gobierno de Nicolás Maduro:  “Ustedes -en alusión a los periodistas y empleados de Notitarde- se preguntarán cómo vamos a conseguir papel si se ha hecho tan difícil en los últimos años; pues la respuesta es clara, sí me senté con el Gobierno hace cuatro semanas y les pregunté que si de comprar Notitarde obtendría papel y me dijeron que sí. Solo me pidieron pluralidad, y pluralidad no quiere decir parcialidad”, advirtió.

De Barcelona a Venezuela

José Rodríguez es originario de Grou, localidad del municipio de Lobios, en la comarca ourensana de A Baixa Limia. A los 16 años emigró a Barcelona, en donde empezó como camarero y en unos años ya tenía su propio bar. En un viaje de vacaciones a Caracas decidió que Venezuela era el país ideal para invertir y prosperar en los negocios.

Tras ese desplazamiento que marcó su vida solo aguantó unos meses más en España. No le costó dar el salto, aunque tuviera que empezar otra vez de cero. Era el año 1978. Traspasó el local de Barcelona. Y otra vez camarero, esta vez en Caracas, en un restaurante. De la hostelería derivó hacia el sector de los eventos sociales (festejos y catering), inicialmente como empleado y después como relaciones públicas en la empresa Festejos Mar.

En tres años en el negocio detectó su oportunidad. Apostó por abrir su propia empresa de catering y organización de eventos. Pero no quiso entrar en conflicto con sus antiguos empleadores y prefirió establecerse en una plaza distinta. Su elección fue Valencia, la capital industrial de Venezuela. En poco tiempo su empresa ya despuntaba como la firma de festejos más importante de la ciudad. Los ingresos logrados con esta actividad y su especial habilidad para invertir le abrieron las puertas del sector inmobiliario y hotelero, en los que no ha parado de cosechar éxitos.

Además, en todo este tiempo nunca ha perdido la vinculación, ni familiar ni profesional, con Galicia. Siempre que sus empresas se lo permiten, pasa varias temporadas al año en Grou y en las diferentes localidades de Galicia, como A Coruña, en las que tiene negocios inmobiliarios. En la comarca ourensana de A Limia fue uno de los inversores de la desaparecida Vidriera del Atlántico, pero antes del cierre logró deshacerse del tramo accionarial de su sociedad participada, cuando la fábrica pasó a manos del grupo portugués Barbosa-Almeida.

  

 

 

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