Profesor de karate, propietario del gimnasio Shindo Ryu de Caracas y cofundador de la Federación Venezolana de Karate

Fue preparador de la Guardia Nacional, Armada y Policía Metropolitana y, a los 75 años, imparte cinco horas diarias a más de 100 alumnos

“Fun de luna de mel a Caracas á casa da miña cuñada e xa me quedei en Venezuela, onde levo 52 anos. Non viñen por necesidade, pero gustoume o país”. Así resume su cambio de vida Guillermo Pérez Álvarez, originario de Grixó (Ramirás) y personaje muy querido por toda la Hermandad Gallega de Venezuela, colectivo en el que se inició como profesor de karate en 1974. Ha sido uno de los seis fundadores de la Federación Venezolana de Karate y su escuela-gimnasio, de la que han salido más de cien cinturones negros y numerosos representantes del país en competiciones internacionales, es un referente tanto en la alta competición como en la práctica más popular de este deporte. El maestro Guillermo Pérez, cinturón negro 7º Dan, fue durante más de 20 años formador de agentes de la Guardia Nacional, de la Policía Metropolitana y de las tropas de la Armada. En la actualidad, a los 75 años de edad, continúa impartiendo cinco horas diarias de clases -de lunes a sábado- en su gimnasio de Chacao, a más de un centenar de alumnos “desde os máis pequeniños, de 4 anos, ata adultos que superan os 70 anos”, resalta con orgullo. Se define como amante de la naturaleza y del deporte, y en su filosofía de vida están muy presentes valores como la perseverancia, la perfección, el respeto y la autoconfianza. En un mundo dominado por el materialismo y el consumo, asegura que “saber vivir é solo para escollidos”. Su estilo en el karate es el denominado Nihon Koden Shindo Ryu (Casa del Camino a Dios), en el que ejerce como director técnico para Venezuela. Desde hace unos años, cambió su residencia en Caracas por una casa de campo en San Antonio de Los Altos, en la que dedica tiempo al cuidado de palomas, loros, tortugas, gallinas... pero en especial de su perra mastín napolitana de casi 80 kilos de peso. El shihan Guillermo vive con cierta inquietud las actuales restricciones de alimentos en Venezuela: “Falta a graxa para o corpo porque hai carencia dalgúns alimentos. Aínda que hai carne e verduras, hai tempo que non podemos facer postres. E ademais, os que traballamos fóra da casa e non podemos estar horas nas colas, temos que pagar polos produtos na revenda cinco ou seis veces máis cos prezos que marca o Goberno”, explica.

Texto: Javier de Francisco ©

Con 52 años de residencia en Venezuela, Guillermo Pérez Álvarez comparte con miles de emigrantes gallegos la pasión por el país de acogida y el amor fraternal por su tierra:

“Levo dous anos sin poder ir a Galicia ao non ter a ninguén que se ocupe do ximnasio, pero a miña alma vai todos os días á nosa casa de Grixó. E cando falto un tempo de Venezuela tamén extraño o país”, confiesa.

Su periplo en la emigración comenzó en 1964, con un privilegiado viaje de luna de miel: “Viñemos de visita á casa dunha cuñada e xa quedamos a vivir en Caracas. Tiven traballos moi diferentes, como chófer de familia ou os seis anos que traballei para o consulado, nos tempos en que estaba como canciller Alberto Pérez Yáñez, veciño noso de Vilavidal”.

 

Su travesía de ultramar fue diferente a la de la gran mayoría de gallegos, ya que en su caso la motivación no era “hacer las Américas”: “O meu pai era das Estivadas e dedicábase á pedra e ao mármol. E a miña muller é do Carballal (Cartelle). Na familia tiñan minas de estaño en Novelle, no propio municipio de Cartelle. Así que no noso caso non había necesidade de marchar da casa. Hoxe sígolle decindo aos máis novos que non emigren polo desexo de facer cartos noutro país”, comenta Guillermo Pérez con un acento gallego en el que no hay ni el mínimo rastro de haber dejado Galicia hace más de 50 años.

En Venezuela halló la felicidad a través del karate. Comenzó a practicarlo cuando solo llevaba un año en el país. Al principio lo simultaneó con el judo, pero a los siete años se centró en la disciplina que le llevó a convertirse en uno de los seis fundadores de la Federación Venezolana.

 

Sus primeras enseñanzas, como profesor, no pudieron elegir una entidad más entrañable, la Hermandad Gallega de Venezuela. Era el año 1974. Hoy su vinculación con el centro permanece intacta y continúa dando clases a unos cien niños descendientes de gallegos.

 

Después de 42 años como profesor de karate, ha dado formación a más de un centenar de cinturones negros, que al igual que otros alumnos suyos representaron y lograron éxitos deportivos para Venezuela en numerosas competiciones panamericanas y mundiales, entre ellas varios campeonatos en Galicia (Pontevedra y Ourense) y el mundial de 1992 en Granada. También recuerda, aún con emoción, varias estancias internacionales: “Estiven tres veces en Cuba dando clases, seis competindo nos Estados Unidos, dúas en Puerto Rico, sete na República Dominicana... Síntome moi feliz de levar con orgullo a bandeira galega por todo o mundo”, rememora con nostalgia.

 

Pero el viaje que marcó su vida tuvo lugar en 1999, cuando se deplazó a Japón con varios de sus alumnos para conocer y trabajar al lado del maestro Hamada, líder mundial de Nihon Koden Shindo Ryu. “En xaponés tradicional significa Casa do Camiño a Deus. Máis cun deporte é unha filosofía de vida, na que están presentes disciplinas como as Matemáticas, e a defensa implícita do traballo. Saber vivir é só para escollidos. O que non busca o que quere, nunca será nada”, sentencia Guillermo Pérez. Y pone como ejemplo el hecho de que la mayoría de sus alumnos que llegaron a los mayores niveles en la práctica del deporte lo hicieron al mismo tiempo en el ámbito académico: “Todos os cinturóns negros que formei son agora profesionais con formación universitaria e aínda me recordan hoxe que eu axudeinos coas miñas ensinanzas. Dous deles viven actualmente na Coruña”, apunta.

 

Y otro de sus mayores orgullos es llevar 42 años impartiendo clases de forma ininterrumpida. A lo largo de su trayectoria llegó a formar a los integrantes de diferentes cuerpos de seguridad del país, como la Guardia Nacional, la Armada y la Policía Metropolitana. Aunque se retiró hace 12 años, y a pesar de los dolores que le produce una vértebra dañada, sigue acudiendo todos los días -solo descansa el domingo- desde su casa rural de San Antonio hasta Chacao, en el distrito metropolitano de Caracas, a 20 kilómetros de distancia: “Aínda teño unha condición física bastante boa, así que mentras o corpo aguante e poida seguir, eu non afloxo. Deitome todos os días ás 10 da noite e ás 7 da mañá xa me estou preparando para salir a Caracas”.

 

En su histórico gimnasio imparte cinco horas diarias a varios grupos. Ahora mismo tiene entre 50 y 60 alumnos, de edades comprendidas entre los 4 y los 70 años. En las vitrinas de su casa y de su gimnasio acumula más de 200 trofeos como karateca y como maestro. Durante 13 años consecutivos conquistó la Copa Simón Bolívar, la competición por excelencia de Venezuela.

 

Añoranza del azúcar

La convulsa situación que vive el país y, en especial, las dificultades de abastecimiento de muchos productos y artículos de primera necesidad, han alterado los hábitos de vida de Guillermo Pérez, incluso en los pequeños detalles: “Comemos carne, pero menos, e temos verduras, pero non hai a graxa para o corpo, por eso levamos adelgazado moito. Por exemplo, xa hai tempo que non podo degustar postres caseiros como os roscóns ou o arroz con leite. Ademais, os que traballamos fóra da casa e non podemos estar horas nas colas, temos que pagar polos produtos na revenda cinco ou seis veces máis cos prezos que marca o Goberno.

A escaseza é unha contradición nun país que ten de todo, desde diamantes ata petróleo, carbón, bauxita... e no que a agricultura produce ata tres colleitas no ano”, relata.

El desabastecimiento comienza a afectarle incluso en el cuidado de sus animales de compañía: “Ata agora sempre tiven comida para eles, pero cada vez é máis complicado atopala. Non tolero o maltrato animal, así que cando xa non poida alimentalos terei que desfacerme deles”.

 

En su finca de la zona rural de San Antonio también le apasiona cultivar hortalizas, siempre con semillas procedentes de Galicia: “Cada vez que vou a Grixó levo todo tipo de sementes; de berzas, de nabos, e ata trouxen loureiros... É curioso pero aquí, co clima, o crecemento e os froitos son moi bós, pero as hortalizas non chegan a producir semente”.

Uno de sus grandes deseos es visitar Galicia después de dos años sin poder hacerlo: “Nunca perdín o contacto coa miña terra e gustaríame poder ir alí”. Al hablar sobre su buena salud y condición física para continuar en el deporte, alude al factor genético: “O meu pai morreu con 98 anos, hai oito anos, e a miña nai con 96, hai agora catro. Eles viviron na casa familiar de Grixó, menos nos últimos anos, que estiveron cun familiar en Trado”.

En la gestión del gimnasio y en la vida diaria, el maestro ourensano cuenta con el apoyo de su hijo Guillermo, mecánico de profesión, que regresó a Venezuela después de establecerse en Vigo durante ocho años.

  

 

 

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