“Benigno

Empresario del sector del mueble, fundador de Industrias Álvarez

Llegó al país como ebanista y logró ser un referente nacional en la fabricación de mobiliario de alta calidad

La crónica de esfuerzo y de éxito en la emigración del empresario ourensano Benigno Álvarez se inició en el año 1963, cuando confió su vida laboral a Panamá, uno de los destinos de ultramar más repetido entre los residentes en la comarca de Carballiño. Partió desde su localidad, Penedo de Xuvencos, en el municipio de Boborás, hasta el puerto de Barcelona para embarcar hacia su nuevo país. Sus primeros empleos ya estuvieron relacionados con el sector en el que desarrolló toda su carrera profesional, el de la fabricación de muebles. Además de tratarse de la actividad polarizada por docenas de empresarios surgidos de la emigración ourensana, para ingresar en el gremio, Benigno Álvarez se benefició de una condición innata, su destreza como ebanista, la profesión que ejercía en Galicia antes de emigrar. Se estableció inicialmente en la Ciudad de Panamá, después se mudó a Antón y finalmente arraigó en Aguadulce, donde lleva 40 años. En 1975 abrió su propia fábrica de muebles, Industrias Álvarez, cuando ya había cumplido una década regentando su primer negocio, Mueblería Ideal. Su grupo llegó a tener 80 empleados (hoy son 25) y a superar el millón de dólares en facturación. Con el cambio de milenio, y en pleno boom del ladrillo en España, se animó a invertir en su tierra. Realizó varias promociones inmobiliarias en Carballiño.

Texto: Javier de Francisco © 

 

“Llegué a Panamá en una época delicada para el país. Cuando no llevaba ni un año, surgió un  nuevo problema con Estados Unidos y hubo ruptura de relaciones. Me tocó vivir toda esa etapa, que fue  complicada”, recuerda Benigno Álvarez. La crisis diplomática de los sesenta derivó, en 1968, en un golpe de  Estado y en la dictadura militar de finales de la década. Por aquellos años, el ebanista emigrado desde  Boborás en compañía de varios vecinos, ya trabajaba como comercial para mueblerías regentadas por otros  emigrantes de la comarca de Carballiño que sumaban muchos más trienios que él en el país de acogida y  hasta compartía sociedad en su primer negocio, Mueblería Ideal.

 

 

En su primera etapa residió en la Ciudad de Panamá, que recuerda a su llegada “como poco más  que un pueblo, hace 53 años. Hoy sin embargo es una gran urbe, con una bahía que no tiene nada que  envidiar a la de Miami”, asegura. Su segundo destino en el país fue Antón y el tercero, y definitivo,  Aguadulce. En 1975 dio el salto de la venta a la fabricación de muebles. Desde los primeros tiempos,  Industrias Álvarez se especializó “en el mueble funcional de calidad y durable. Las características de  nuestros productos se conocen en toda la República y aún hoy seguimos suministrando a una docena de  mueblerías”, explica Benigno Álvarez.

Lo único que ha cambiado en los 41 años de actividad de la fábrica es que las ventas y la  distribución ya no se nutren al 100% de la fabricación propia: “A día de hoy lo que producimos puede  representar el 40% de lo que vendemos. En los últimos años ha ido subiendo la importación, sobre todo de  Asia, por los precios más competitivos y por algunos problemas, como las dificultades para encontrar  trabajadores en Panamá”.

 

 

Con estos antecedentes, su fábrica adelgazó hasta pasar de una media anual de 70 ó 80  empleados a los actuales 25. Quedaron atrás los ejercicios en los que la facturación sobrepasaba fácilmente  el millón de dólares. El mercado tampoco ayuda, por el auge de las importaciones de muebles asiáticos y  por la llegada de empresas competidoras de otros países del propio continente americano.

Por el contrario, las exportaciones nunca han sido el objetivo de Industrias Álvarez: “Hubo un  momento en el que intentamos llevar nuestros muebles a España, pero vimos que la exportación salía muy  cara. No somos una industria tan grande como para vender lejos y, además, la rama del mueble está más  avanzada en España que aquí”.

A diferencia de otros empresarios carballiñeses establecidos en Panamá, Benigno Álvarez nunca  barajó la posibilidad de dedicarse a la concesión de préstamos o abrir una casa de empeños: “En este país  funciona mucho lo de las financieras como extensión de la banca. Pero yo nunca me planteé dedicarme a  las finanzas. No se puede ambicionar todo”, señala.

Para diversificar, prefirió realizar inversiones en Galicia: “Hace unos quince años me dediqué al  sector de la construcción e hice algunas promociones de edificios en Carballiño. También tengo algunas  propiedades en Ourense, que ahora puedo disfrutar más, porque hace ya seis años que dejé la mueblería  para pasar a la jubilación”.

Pero la saga de Industrias Álvarez continúa bajo la dirección de su hijo, Benigno Manuel Álvarez  Fernández, con el que ya venía compartiendo la gerencia antes del retiro. El representante de la segunda  generación de la industria familiar mantiene además una intensa vinculación con la función pública y con el  asociacionismo. Hasta noviembre de 2015 ejerció como presidente de la Cámara de Comercio, Industrias y  Agricultura de Aguadulce y Natá (dos distritros de Panamá) y en la actualidad es asesor de la junta directiva. 

Como objetivo para los próximos años, el fundador de la reconocida fábrica de muebles situada  en Aguadulce se conforma con “mantener los actuales niveles de fabricación y ventas. Ojalá se pueda  seguir así durante mucho tiempo. La situación del país está más dura que hace unos años. Ha decaído la  economía. Venía creciendo al 10%, pero este año no pasará del 5 o del 6%, según las previsiones, y ya se  viene diciendo que los ejercicios siguientes serán aún de menor crecimiento”, advierte.