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Presidente de Agri Consulting and Shipping Corporation (AC&S Corp), compañía subsidiaria en Estados Unidos del grupo francés CEM

“Estamos especializados en mitigar los riesgos que influyen en el precio de commodities agrícolas como el maíz, el trigo y la soja”

Licenciado en Químicas por la Universidad Central de Venezuela y postgrado en Comercio Marítimo Internacional por la Escuela de Marina Mercante de Venezuela, Óscar Abraldes se estableció en Estados Unidos en el año 1995, cuando la compañía para la que trabajó entre 1991 y 2015, la multinacional Cargill, lo trasladó a la sede central de Minneapolis. Desde el pasado mes de enero, vive una nueva etapa profesional como presidente ejecutivo de Agri Consulting and Shipping, la filial estadounidense del grupo francés CEM. Su profesión está ligada a los futuros de las principales materias primas del sector agrícola. Óscar Abraldes comparte con muchos ourensanos y gallegos la doble emigración a Venezuela y Estados Unidos. El primero es el destino al que emigraron sus padres y el país en el que nació y se formó. Y el segundo es el punto neurálgico de su trayectoria profesional. En Cargill llegó a desempeñar el puesto de gerente general para países de Latinoamérica. Sin cambiar de residencia, hoy dirige desde Miami el crecimiento de AC&S Corp.

Texto: Javier de Francisco © 

Después de casi 25 años de carrera profesional en la multinacional Cargill, en la que llegó a ejercer como gerente general para países de Latinoamérica, acaba de iniciar un nuevo proyecto profesional en una subsidiaria del grupo francés CEM. ¿Con qué nombre opera la sociedad en América y cuáles son las principales magnitudes del grupo?

En Miami la compañía se llama AC&S Corp, que son las abreviaturas de Agri Consulting and Shipping Corporation. Es la oficina subsidiaria en Estados Unidos de un grupo francés llamado CEM, que tiene presencia con activos en las islas francesas del Caribe, y que comparte sociedades con otras empresas en Guyana francesa, Surinam, Santa Lucía y en el norte de Brasil. También cuenta con dos líneas navieras y sus oficinas principales están situadas en París, Rotterdam y Singapour. La compañía tiene unos 400 empleados, la mayoría de ellos en las fábricas de molinería de trigo y piensos que existen en el Caribe.

Como presidente ejecutivo de la filial de Miami, ¿cuáles son sus principales responsabilidades y funciones?

Yo soy el presidente CEO de AC&S Corp. Llevo las responsabilidades fiduciarias, los desarrollos de negocios y la consultoría en el manejo de los riesgos de precios en la compra de materias primas y de fletes marítimos de los clientes internos y de otras empresas para las que trabajamos. Representamos e intentamos representar a un grupo exclusivo de clientes a los que se les da un servicio totalmente personalizada y único. AC&S Corp. inició operaciones en enero del 2016, pero cuenta con personal que tiene más de 40 años de experiencia combinada en el negocio.

Por su trayectoria anterior en Cargill y por su proyecto actual en la subsidiaria de CEM, ¿usted en qué commodities agrícolas está especializado?

En maíz, harina de soja, frijoles de soja y trigos.

Dentro de su trabajo que presenta tantas similitudes con los operadores de Bolsa o con los gestores de fondos, ¿cuáles son los principales riesgos a vigilar? Es decir, ¿a qué factores tiene que estar especialmente atento por su incidencia sobre los precios?

Los riesgos son muy diversos, y en mitigarlos es justamente en lo que nos especializamos en AC&S Corp.  Los factores pueden ser fundamentales, como es el caso de la oferta, la demanda y el clima, o pueden ser factores técnicos, como por ejemplo la influencia de otros mercados, los movimientos de los fondos de inversión y las correcciones técnicas.

¿Todas las operaciones que realiza con los futuros de las materias primas agrícolas son exclusivamente para el mercado americano o algunas están dirigidas al mercado europeo, y en particular al español?

Proveemos el servicio de consultoría en la compra de materias primas y transportación marítima a un pequeño y selecto grupo de clientes en en el Caribe, Centroamérica y Sudamérica. Los clientes son molineros de trigo o fabricantes de piensos que saben muy bien cómo hacer harinas, piensos, carnes... pero no tienen tiempo o no saben los muchos detalles que hay detrás de la compra y transportación de las materias primas agrícolas. El saber manejar esos detalles se traduce en generación de beneficios económicos y en un mejor flujo de caja para nuestros clientes. Nos escantaría explorar y diversificarnos en Europa, ya que el servicio sería fundamentalmente el mismo.

Usted comenta que los clientes habituales son empresas que se dedican a la molinería de cereales y a su transportación. ¿Pero hay también otro perfil de cliente? 

Básicamente son ultinacionales del sector de la agroalimentacion, pero también compañías de consultoría global y financieras, que buscan expertos en el manejo de riesgos de commodities, en el manejo de la cadena de suministro y en la transportación marítima. 

El mercado de las commodities agrícolas, ¿se está viendo muy afectado por el actual descalabro de los precios del petróleo?

Los precios del petróleo impactan sin duda sobre otros mercados, y los commodities agrícolas no se escapan de ello. Sin embargo, los precios de los commodities agrícolas se encuentran en bajos históricos y la razón principal es debida a los altos inventarios, como consecuencia de que ha habido excelentes cosechas y a la vez una disminución de los consumos, esto último específicamente soportado por la incertidumbre económica en China. 

Desde el segundo semestre del 2015 ha caído mucho el precio de materias primas como la avena, la soja e incluso el trigo y el maíz. ¿Cuál es su pronóstico sobre el escenario de precios en el que se moverán las commodities agrícolas en 2016?

Se moverán alrededor de los actuales niveles. La volatilidad volverá en la medida que entremos en épocas críticas de las cosechas, lo que ocurre en marzo en Sudamérica y en julio en Estados Unidos. Más allá de eso, los altos inventarios de los commodities, más el escaso crecimiento de China, hacen que los mercados se deban mantener a niveles bajos históricos durante al menos el último trimestre del 2016.

Con los precios actuales de las materias y primas, y también de los combustibles, ¿es un buen momento para la recuperación de la industria agroalimentaria? ¿Pero las multinacionales y los grandes grupos repercutirán esos precios a la baja en el consumidor final, es decir, las industrias y los distribuidores de alimentación bajarán los precios de sus productos?

Efectivamente, los precios actuales de los commodities agrícolas y del petróleo hacen que los márgenes en las operaciones se mantengan y sigan siendo buenos. Para que unos mejores precios se traspasen al consumidor, sería únicamente por razones de competencia y porque las empresas opten por tratar de obtener más participación en el mercado. Es un momento adecuado para que las empresas puedan hacer eso, pero dependerá de cada una elegir sus estrategias comerciales corporativas. En general, y en la medida que exista crecimiento y empleo en los países, yo no soy muy optimista sobre que los consumidores obtendrán mejores precios, más allá de oportunidades circunstanciales.

Cuando cada verano regresa a Galicia, ¿qué sensaciones le produce el nivel de desarrollo del sector agrícola? ¿Cree que aún puede revertir su situación y generar más valor añadido? 

Yo observo que en algunas zonas de Galicia la historia se ha detenido en el tiempo, desafortunadamente. No estoy hablando de las grandes ciudades, como A Coruña y Vigo, pero sí de las zonas del interior. Las explotaciones agrícolas se han mantenido a nivel muy personal y familiar. No sé si a conciencia o no, pero el nivel de industrialización no ha sido capaz de desarrollarse a un plano superior. Está más enfocado al autoconsumo que a la producción hacia terceros o inclusive, y por qué no, hacia la exportación. Creo que son negocios familiares donde el abuelo, el padre y ojalá el hijo mantienen todo a un nivel familiar y rural. En el agro español, el desarrollo industrial, de maquinaria, de genética y de producción no es malo. Aunque tenga sus limitaciones, como ocurre en cualquier otro país, es autosuficiente y tiene capacidades. En Galicia, por desgracia no ha habido la visión cultural de desarrollar el sector más allá de lo que son las propias necesidades de cada una de las familias que tienen la tierra. Tal y como están los precios, la inflación y la demanda, yo creo que cada uno de nosotros debería pensar algún día en tener una tierra y en procurar sus cosechas. Ese enfoque no sería desacertado, y sobre todo en una región en la que siempre ha habido una fuerte implantación agrícola.

¿Usted que conoce desde dentro el funcionamiento de las multinacionales agroalimentarias, coincide con el sector de la población que ve más riesgos que beneficios en los transgénicos?

La ingeniería genética de las semillas es un área de crecimiento que va a seguir avanzando con el propósito de continuar alimentando el mundo. Las tierras son cada vez más escasas y si los rendimientos no mejoran, llegará un momento en el que se pase hambre. En cuanto al riesgo de los transgénicos, es cierto que hay mucha reacción en contra, sobre todo en Europa, pero la verdad es que personalmente nunca he visto una literatura donde se haga referencia a los daños que los organismos genéticamente modificados producen a los humanos. En cuanto haya una literatura, y que sea del alcance de todos, obviamente se tomará una conciencia distinta a la de simplemente prohibir la posibilidad de seguir creciendo en las cosechas para que en un momento dado el mundo no se quede sin alimento. En Estados Unidos aproximadamente el 90% es transgénico, y en Argentina y Brasil, dos grandes productores agrícolas, está entre el 70 y el 80%. Además, en América queda algo no transgénico en países como Bolivia y Paraguay. En el caso de Estados Unidos, el mayor productor mundial de maíz, casi todo es genéticamente modificado, porque las tierras no dan abasto y se pide que los rendimientos sean cada vez mayores, no sólo para satisfacer el consumo nacional sino también para seguir siendo el exportador número uno del mundo. El debate sobre los transgénicos es mucho más suave en América que en Europa y en Asia. Aquí no hay ninguna restricción sobre si el producto es o no genéticamente modificado, ni se da un requerimiento específico hacia comprar productos que no sean modificados. En Estados Unidos no es un tema de conversación. Por otra parte, el manejo de la cadena de suministros para alimentos no modificados resulta muy complicado. Por lo tanto, cualquiera de los sistemas de manejo del grano desde el campo hasta los puertos de exportación pudo haber sido infectado en algún momento con transgénicos, por mucho que se intente certificar que son libres de modificación en un 98 o en un 99%.