Fundador y propietario de Incarven, planta industrial de carrozado de autobuses.

Su empresa llegó a carrozar más de 350 autobuses y camiones al año, en el estado de Aragua

El empresario ourensano Antonio Riveiro Freire, originario de Covas do Río (A Merca), vive la emigración por partida doble. En la primera etapa se afincó en Montevideo (Uruguay) y en la segunda apostó por el potencial que ofrecía la economía de Venezuela en la década de los 70. En 2003 fundó Industria de Carrocerías Venezolanas (Incarven), que antes de la crisis llegó a producir una media anual de más de 350 autobuses y camiones. La factoría, situada en Las Tejerías, en el estado de Aragua, ronda actualmente las 200 unidades al año -abandonó la división de camiones y concentra su actividad en autobuses de diferentes capacidades- y conserva 70 empleados en plantilla. Transforma cinco modelos de chasis, que van desde autobuses de transporte interurbano hasta minibuses urbanos y microbuses ejecutivos.

Texto: Javier de Francisco © 

Aunque era un niño y dejaba atrás todos sus recuerdos de infancia en su localidad de Covas do Río (municipio de A Merca y comarca de Terras de Celanova), Antonio Rivero recuerda con todo detalle su viaje de ultramar: “Embarqué el 24 de marzo de 1960 en el puerto de Vigo. Llovía y la espera se hizo muy larga. Nos reclamó mi hermano Eliseo, que ya llevaba unos años en Uruguay. Él prefirió que sus hermanos aprendiéramos un oficio y en mi caso me decanté por la herrería, que tuve ocasión de aprender con un alemán muy especializado en esa profesión”.

 

 

Cuando ya dominaba el oficio, Antonio Rivero abrió su propia herrería en sociedad con uno de sus hermanos, en Punta de Rieles. El negocio funcionó a buen ritmo durante una década, hasta que la inflación que soportaba el propio país y las posibilidades que ofrecía Venezuela por aquel entonces, le empujaron a tomar una complicada decisión: “Ya estábamos establecidos en Uruguay, en donde mi hermano Eliseo sigue regentando una empresa de materiales de construcción, pero mi otro hermano y socio en la herrería comprobó que en Venezuela sobraba el trabajo en nuestro oficio. Véngase para acá, porque en Uruguay estamos estancados, me comentó. Y así hice un 14 de noviembre, a la edad de 28 años, cuando puse rumbo a Caracas”, relata.

 

 

Durante tres meses trabajó por cuenta ajena, como encargado de Herrería Universal, hasta que rápidamente dio el paso de abrir un negocio familiar similar al que tenían en Punta de Rieles. Así nació Herrería Los Chaguaramos, que pronto necesitó trasladarse a unas instalaciones más amplias para poder atender toda la carga de trabajo.

Y la mudanza resultó muy oportuna: “Al poco tiempo, un cliente de confianza me preguntó por qué no hacíamos carrozado de camiones, porque era un sector en el que los productores locales tardaban dos o tres meses en atender los pedidos. Me presentó a los representantes de Ford del área de Caracas y enseguida empezamos a trabajar para ellos”, explica el propietario de Incarven.

 

 

Así, en 1981, Antonio y su hermano fundaron la empresa de carrocerías Halcón, en la que permaneció hasta 2003, cuando apostó por crear Incarven, en una época en la que sus hijos Valerio y Alejandro ya habían completado la formación universitaria. Hoy continúan los tres al frente de un grupo familiar que llegó a producir más de 350 vehículos por año y que superó los 120 trabajadores en plantilla.

Incarven (Industria de Carrocerías Venezolanas) cerró 2015 con una producción de 180 unidades, 80 menos que en el año anterior, por los efectos de la crisis que vive Venezuela. En la fábrica, de 13.000 metros cuadrados, trabajan actualmente 60 personas en fabricación y 10 en el área de administración.

 

Dólar preferencial

Las dificultades de abastecimiento de materias primas aumentaron desde finales del verano de 2015. A la falta de pintura se sumó la escasez de aluminio, de metal y de fibra de vidrio. Pero además, las operaciones financieras de suministro de chasis se realizan en dólar preferencial, lo que en la práctica significa cerrar las puertas a las exportaciones, ya que los precios finales no serían competitivos fuera de Venezuela.         

Antonio Rivero explica que “el mercado nacional requiere y absorbe todo lo que fabricamos. En nuestro caso transformamos cinco modelos diferentes de chasis, que van desde autobuses de transporte interurbano hasta minibuses urbanos y microbuses ejecutivos”. En 2011, Incarven abandonó su segunda línea de especialización, consistente en la transformación de camiones, furgones y vehículos isotérmicos.

En su gran mayoría, adapta autobuses de 33 plazas para firmas concesionarias de transporte. Desde hace unos años, en la cartera de clientes también destacan varias empresas privadas que trabajan para las grandes petroleras y que compran autobuses con alto equipamiento para el traslado de trabajadores a las refinerías y plataformas. Otro producto con alta demanda son microbuses de 19 plazas con doble transmisión (4x4), para acceder a zonas de complicada orografía.

Como parte estructural, los modelos de chasis más utilizados en la factoría en el año 2014 fueron el Chevrolet NPR (General Motors), el Hino (Toyota) y varias gamas de Ford e Iveco. En 2015, y por primera vez en la historia del grupo, el liderazgo por número de unidades ha sido para el fabricante ruso Kamaz.

En opinión del gerente de Incarven, el futuro “es incierto y poco predecible. Después de tantos años en el mercado, esperamos salir adelante, ya que al estar relacionados con el transporte público somos una de las ramas de la industria más importantes para el Gobierno. Pero la situación está muy irregular”, reconoce el empresario.