Propietario de Homero de León, grupo automovilístico formado por once concesionarios

Pasó de ser trabajador a propietario de una histórica empresa distribuidora de automóviles

Tres de los rasgos más característicos del emigrante ourensano y gallego, el tesón, la perseverancia y la generosidad en el trabajo, explican a la perfección el éxito empresarial de Benito Grande Quintana. Comenzó en su empresa de toda la vida como operario, ascendió a puestos de gerencia y, finalmente, desembarcó en la propiedad hasta alcanzar el 100% del capital social de Homero de León, una de las distribuidoras de automóviles más importantes y tradicionales de Uruguay, fundada en 1939. El grupo es hoy el mayor vendedor de coches chinos en el país, comercializa una media de 2.500 unidades al año, mueve una facturación de 30 millones de dólares y suma once concesionarios y varios centros para el servicio postventa (talleres y centros logísticos). Además, ha creado la firma Alamo National, con una red de 250 vehículos en alquiler y con presencia en los centros neurálgicos de Uruguay, como el aeropuerto internacional y el puerto de Montevideo.

Texto: Javier de Francisco © 

 

Cuando emigró a Uruguay tenía 6 años y dejaba atrás sus vivencias y sus recuerdos de infancia en el municipio de A Merca (Ourense), bajo la tutela de su abuela paterna. Sus padres se habían establecido en el país dos años antes. En el caso de su padre era ya su segundo destino en la emigración, tras generar en Barcelona los ahorros necesarios para emprender el viaje de ultramar.

Eran los años cincuenta y aunque la economía uruguaya ofrecía uno de los mejores destinos de acogida, los primeros tiempos resultaron más complicados de lo esperado: “Mi padre hacía jornadas diarias de más de 16 horas, por las mañanas trabajando en la construcción y por las tardes en una mueblería. Y cuando llegaba el fin de semana, se dedicaba al comercio en ferias. Mi madre era modista de camisas. Para los dos fueron muchos años de trabajo duro y sacrificado, que supieron transmitirme”, resalta Benito Grande.

En su caso, se graduó en Secundaria y llegó a cursar en la universidad, pero a los 18 años se decantó por ingresar en el mercado laboral. Primero trabajó con un contable y a continuación ejerció en el sector financiero, pero la quiebra de su entidad, el Banco Transatlántico, le obligó a encauzar de nuevo su carrera profesional. Apostó por Homero de León, el grupo automovilístico al que lleva vinculado desde hace cincuenta años.

Como asalariado empezó como administrativo y terminó en la gerencia general. Y como accionista, en 1999 se hizo con el control del 100% de la sociedad: “Al fallecimiento de los dueños de la empresa, fui comprando acciones a los herederos. En el año 1986 me hice con el 50% de participación y trece años después completé la adquisición del 100%”, relata el empresario ourensano. Actualmente comparte el capital social de Homero de León con sus cuatro hijos que trabajan en la empresa.

 

 

De Ford a Daewoo

Benito Grande recuerda que el grupo llegó a contar con 130 empleados y a tener puntos de venta en las principales zonas del país: “En los años 50 ya era el concesionario Ford, hasta que la marca quebró en Uruguay en 1986. Tuvimos que reconvertirnos y cuatro años después, en 1990, nos hicimos con la distribución de la coreana Daewoo. Pero en 2002 fue absorbida por General Motors y eso nos obligó a empezar de nuevo, porque nos quedamos sin marca después de doce años. Para nosotros fue como cortarle las alas al pájaro”, rememora.

 

 

Desde 2003, Homero de León opera como el primer distribuidor de marcas de automóviles chinos en el mercado uruguayo. Tiene las concesiones de Great Wall Motors, DFSK (DFM Mini Auto), Foton y SAIC GM Wuling, con las que cubre diferentes segmentos, desde pequeños turismos hasta berlinas y vehículos industriales. Vende una media anual de 2.400 a 2.500 unidades y logra una facturación que se mueve entre 25 y 30 millones de dólares.

“Los vehículos chinos constituyen un negocio exitoso por lo general en el mundo y están empezando a mover grandes volúmenes. La calidad es excelente y han sabido aprovechar el conocimiento del sector, ya que los principales fabricantes mundiales tienen plantas de producción en China. Aquí, en Uruguay, representan en torno al 26% de las ventas totales. Detrás de las marcas tradicionales, que lideran General Motors, Volkswagen, Toyota-Suzuki, Peugeot y Renault, por este orden, los fabricantes chinos aparecen en el ránking a partir del octavo puesto. Es decir, ya son los líderes después de las marcas globales”, puntualiza Benito Grande.

En Latinoamérica, su introducción sigue patrones de pronunciado contraste: “Argentina, por ejemplo, bloquea a las marcas chinas, para proteger a su industria local, pero no ocurre lo mismo en donde no hay filiales de fabricantes de automóviles. Así, por ejemplo, en Chile el 25% de los automóviles ya son de fabricación china. También tienen una fuerte implantación en mercados como Perú, Ecuador y Colombia”, enumera.

 

 

La estructura del grupo Homero de León está formada por once concesionarios, por dos talleres de mecánica, uno de chapa y pintura, un centro logístico, tres centrales de ventas y una sección de repuestos que aporta unos ingresos medios de 1,5 millones de dólares al año. En total, sus centros de trabajo generan un centenar de empleos.

Por otra parte, la compañía cubre el mercado de alquiler de vehículos con su enseña propia Alamo National, que creó en el año 2011. Hoy cuenta con un stock de 250 unidades. Está presente en las zonas más estratégicas del país, con un total de doce locales en ubicaciones que van desde el aeropuerto y el puerto de Montevideo hasta las principales terminales de autobuses.

 

 

La tercera línea de negocio del grupo está vinculada al sector público. Consiste en la participación en concursos públicos para el suministro de vehículos. Así, es uno de los proveedores habituales del Gobierno de Uruguay y especialmente de instituciones como el Comando del Ejército, la Administración Nacional de Educación Pública y el Ministerio de Educación y Cultura.

 

Próxima marca europea

El plan estratégico de Homero de León tiene como principal objetivo para 2016 hacerse con la distribución de una de las marcas europeas de referencia. “Sería el complemento ideal para nuestra actividad y para el crecimiento de nuestro grupo”, avanza Benito Grande, quien detalla que la distribución de marcas chinas tiene un sobrecoste por la fuerte carga impositiva: “El gran problema de vender vehículos chinos en Uruguay es que los aranceles representan el 23% del coste, a lo que hay que sumar que el impuesto de lujo que grava el automóvil puede oscilar entre el 30 y el 115%”.

 

 

Pero en el negocio de la automoción uruguaya hay más complicaciones que las de la vía impositiva.  “Este es uno de los mercados más atomizados y difíciles del mundo. En un país tan pequeño se venden los modelos de 45 fabricantes de todo el mundo, incluidos todos los europeos, con lo que los márgenes son reducidísimos. Es un mercado extremadamente atomizado”, asegura el propietario de la compañía con sede en Montevideo.

Homero de León logró su techo de ventas entre 2008 y 2010, con más de 2.500 unidades por año. Pero la economía local vive actualmente su particular crisis: “Hay mucha devaluación, por encima del 15%, y la inflación terminará el año sobre el 10%, mientras que el PIB crecerá por debajo del 2%. La situación económica está peor que hace un par de años y eso repercute en la distribución de automóviles. En nuestro caso sería un logro alcanzar las 2.000 unidades este año”, reconoce el empresario.

 

 

La pasada semana, Benito Grande recibió el premio anual con el que la Asociación de Empresarios Gallegos de Uruguay (AEGU) distingue al Emprendedor Gallego del Año. El acto tuvo lugar en el Centro de Formación de Cooperación Española en Uruguay, con la participación del embajador de España en el país, y ex conselleiro de Cultura, Roberto Varela. El empresario ourensano, que continúa muy vinculado a Galicia, recibió la felicitación personal del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, a través de una videoconferencia.